domingo, 2 de octubre de 2016

La vida, caja de sorpresas.

Por Elisa Cobos Enríquez.                                                                                               



Algunas personas me decían: __ ”¿Para qué se  va  a operar de la catarata? A su edad y con todos esos problemas  de salud, para qué se va a exponer, no le va a ir bien.”

Realmente me sorprendían con su pregunta y su triste pronóstico __” Para qué?” Pues para ver bien, para mejorar mi calidad de vida, no porque una ya tenga sus añitos va a estar arrumbada en un lóbrego rincón. Les regresaba la preguntaba: “¿Tú no confías en Dios?” Si el médico me aseguró que todo saldría bien, y me encomendé a Dios y le dije: Hágase  tu  voluntad. Pues hay que confiar en él.  Él lo sabe todo.

Han pasado 3 semanas de la cirugía y estoy feliz,  ahora veo los colores más intensos, ya veo bien las letras y leo de corrido, como hace varios años. Una vez que releía La Aventura de la Catarata mis hijos bromearon conmigo, me dijeron: __ “Pero no estás leyendo, te lo aprendiste de  memoria.”   Cómo me reí de esa ocurrencia, reconozco que  al no ver  bien cancaneaba mucho, aun así leía, ya no confundo las letras.

Ahora disfruto más el leer y el escribir, la vista es uno de los regalos que  Dios nos dio al igual que la ciencia  y  hay  que aprovecharlos bien, me gusta sentarme en el corredor y ver el cielo cuando corretean las nubes; el árbol de mango  cómo mese sus ramas  con  el viento,   antes lo veía todo borroso, enseguida sentía cansancio, me molestaba la luz y en las  sombras no distinguía, me perdía ver con detenimiento a la naturaleza, otro regalo de Dios.

Hace unos días vino una visita,  me platicó que tiene catarata, pero por nada del mundo dejaría que lo operen ni que le anden en los ojos, que sería algo problemático y doloroso. Yo le di mi experiencia, no lo es ni una cosa ni la otra, al menos con el doctor Noé, comencé diciéndole que antes también pensaba así, pero  ahora que veo tan bien  me alegro que lo intenté y todo salió de maravilla. El señor se animó y dice que se operará. 

Cuando fui a consulta con el médico le llevé el suplemento Kaniwá, creyendo darle una sorpresa, pero ya lo había leído, otro médico compañero de él se lo llevó, le  dijo que le llamó la atención el título y le gustó, así que la sorprendida fui yo.

La vida está llena de sorpresas, cada día es una nueva oportunidad. ¿Por qué nosotros mismos nos vamos a limitar por nuestros miedos?  Yo quería recuperar mi vista para leer, ver bien mi jardín, las hojas lustrosas en sus diferentes tonalidades  y las sonrisas de mis nietos y bisnietos.


Texto Publicado en: Kaniwá #71 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, de 10  de septiembre  de 2016.







Las dos abuelitas.

Por Joel García Cobos.  

           
El personaje de esta historia tuvo una infancia feliz, conoció sus 2 abuelitas, eran muy diferentes entre sí, lo querían y  ese amor fue recíproco,  a pesar que ya tienen más de 30 años  de haber bajado al descanso,  las recuerda constantemente. El amor de las abuelitas es muy especial y te sigue toda la vida.

La abuelita Lola,  era morenita, alta, robusta, de pelo chino, platicadora y de carácter arrebatado, no se dejaba de nadie, siempre decía lo que sentía, tenía muchas amistades.  La abuelita Gaby, era blanca, bajita, llenita, de pelo lacio, reservada, de carácter apacible, pensaba las cosas y muchas se las guardaba. De pequeño les decía la abuelita grande y la abuelita chiquita

La abuelita Lola vivía con él, aunque  pasaba largas temporadas en Alvarado, el ingenio San Cristóbal,  Antón Lizardo y Tlacotalpan, visitando a la familia y a sus amistades de toda la vida, en el estado de Veracruz, se sentía orgullosa de su sangre y cultura jarocha. No era la típica abuelita que lo abrazaba, besaba y le repetía te quiero, a veces lo sorprendía y le guisaba sus antojos: Hot cakes,  pan con mantequilla, unas gorditas de  anís, las tortillas calientitas con nata batida  de la leche de vaca, algún dulce típico.

Por la mañana tejía; a las 3 de la tarde que llegaba la programación veían televisión; pero lo que más disfrutaba de ella eran sus pláticas, le contada de sus papás, abuelos,  tíos, lo hacía retroceder hasta 1850; le platicaba de su niñez y  juventud, ya de 1895 para acá; como le gustaba mucho leer,  declamar y enterarse de todo lo que sucedía, le mantenía horas completas con la boca abierta, la hacía de suspenso, urgiéndola para  que continuara el relato.


La abuelita Gaby vivía con su hija y yerno,  a cuadra y media del nieto, caminaba muy rápido y lo visitaba varias veces al día, le contaba sucesos de la colonia, tampoco le decía que lo quería aunque él sentía su amor, a veces lo abrazaba por breves minutos, o se paraba a su lado  y le echaba su brazo por los hombros, cuando creció  por la cintura, así permanecían largo rato, en silencio. Él también la visitaba seguido, cuando su mamá lo mandaba al mandado, pasaba a preguntarle si quería algo, le traía a veces la masa, se sentaban en la sala, tenía un silloncito de paja, cuando era niño le gustaba sentarse ahí y mecerse, ya más grande le gustaba verla ahí sentadita, en silencio, le sonreía con esa carita tierna, surcada de arrugas.

A la abuelita chiquita le gustaban mucho las plantas, las flores,  la casa de su yerno era muy bonita, siempre bien pintada e impecablemente limpia,  dos lados tenían pavimento, y en  los otros dos tenía su jardín con banquetas, abarcaba el frente y  el lado oriente,  bien cuidado, con cientos de variedades, le decía que habían de sol y de sombra, de mucha y poca agua,  de hojas caducas y perennes, que floreaban y otras que no; hacía el abono con las hojas y flores que caían, principalmente de una limonaria. 

Cuando creció el nieto,  sentía un inmenso placer poderla ayudar a cuidar sus plantas, también le conseguía latas grandes de aceite, las cortaba, remachaba los bordos para que no se fuera a cortar y se las pintaba; le ayudaba a cambiarlas de sitio. La abuelita Gaby era evangélica, le hablaba de Dios y de Jesucristo, ella le enseñó la primera Biblia que conoció, oraban. A la abuelita  Lola le gustaba leerle  el sinfín de cartas que le llegaban.

 Se sentía feliz con sus dos abuelitas.   


Texto Publicado en: Kaniwá #71 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, de 10  de septiembre  de 2016.





La abuela Juana Enríquez.

Doña Juana Enríquez Santiago.

Por Elisa Cobos Enríquez.

Fue madre, abuela y bisabuela sin haber conocido varón. Mamá Juana estaba en los preparativos de su boda, se casaría con un hacendado. Ya estaban los guajolotes gordos, calculados los kilos de arroz,  de tortillas, sobre todo las encargadas de hacer los alimentos.

Pero la hermana de Juana murió dejándole 2 niños, cuando acordó fueron 3, pues un sobrino enviudó y le llevó un bebé.  Cuando se enteró el novio rompió el compromiso,  dijo que quería hijos pero que  fueran de él. Ella le contestó: __”Pues son mis hijos, mi sangre, y no los voy a echar a la calle.” En lugar de amargarse, mi abuela vivió sus 99 años con 8 meses, ayudando a medio mundo, segura de sí misma, hablaba con firmeza y autoridad, nadie la contradecía, la obedecían con amor y gusto.


Juana era compadecida y servicial, cuando venía alguna plaga como la viruela, se dedicaba a ayudar a la gente en desgracia, llegaba la brigada médica y colocaba banderas amarillas cerrando el  paso de la calle, entonces nadie podía entrar ni salir de esas casas. Ella recibía un permiso  especial para visitar los hogares en cuarentena, les compraba sus víveres, si no tenían dinero  les  conseguía qué comer, les llevaba agua hervida, café, pan, ropa limpia, cuando le  preguntaban si tenía miedo a contagiarse contestaba que no, que ella creía en Dios y que él sabía lo que hacía y cómo lo hacía, también contestaba: __   “Yo  cuido  a  los  enfermos, y Dios nos cuida a todos.”

Era comerciante, vendía leña, carbón, huevos, frutas, verduras, los niños crecieron y los mandó a la escuela,  a tío Ángel  lo  envío  a estudiar música, pronto aprendió  a interpretar varios instrumentos, a los 15 años tocaba en la orquesta municipal de Alvarado, como los bailes terminaban de madrugada, iba a buscarlo para evitar que adquiriera el hábito de ingerir alcohol.

Llegó la Revolución, el pueblo fue tomado por las fuerzas federales, mi madre y mi tío estaban en la adolescencia, ella al enterarse metió a la cama a mi tío, le amarró la cabeza con  hojas que  olían horrible,  con tinta le pintó puntos en la cara, para hacerlos creer que tenía la temible  viruela. A mi madre le soltó las trenzas, le untó tizne  en la cara y le dijo que hiciera su  mejor papel de loca, que de esa actuación dependía mucho. A mi madre le encantaba declamar con mucho dramatismo.  A mi tío, los hombres le dieron culetazos  con el máuser, pero al verle la cara salieron huyendo, en el paso se encontraron a mi madre gritando y arañando.

La abuela a todo le encontraba el lado amable. Una vez dos de sus primas  se encontraron a mi tío Ángel siendo niño, para hacerle la maldad le dijeron  que Juana no era su mamá y que lo había estado engañando, él fue con mi abuela y le preguntó si era verdad, con toda tranquilidad le dijo que ella ciertamente no era su mamá, que era su tía, y que como lo quería mucho no había sabido cómo decírselo. __ “Ya que lo sabes ¿qué opinas? Le preguntó cariñosa, el niño abrazándola y besándola le expresó: __”Tú eres la madre que conocí, que me dio Dios y no tengo otra.” Se fue Juana a buscar a sus primas, al verla llegar a la casa se escondieron, ella les indicó: __”Vengo a darles las gracias, yo no me atreví a decírselo.”

Años después el tío Ángel abandonó el hogar, se dio de alta en el Ejército, la abuela lo buscó y lo encontró en un cuartel, habló con el Capitán para llevárselo, éste le dijo que sólo con una orden firmada por el Secretario de la Defensa. Juana se fue a Xalapa a hablar con el Gobernador que era amigo suyo, la sala de espera estaba llena, se fue directo al privado, tocó y señaló: __ “Ábreme Fulano que soy Juana” salió el secretario y le dijo que esperara turno, la oyó el Gobernador y la hizo pasar. Al preguntarle en qué la podía servir le dijo su problema, él le contestó que atendía asuntos civiles, no militares y que la recomendación no le serviría. __ “Tú dámela y yo veré.
Regresó al campamento, enseñó la carta, el Capitán llamó al Sargento Palacios, que por sus conocimientos en música ya había ascendido, le preguntó si conocía a esa mujer, su respuesta fue afirmativa; le volvió a preguntar el vínculo que tenía con ella, tardó un poco y le contestó que era su mamá; por último indagó si se quería ir con ella, contestó afirmativo; y le dijo que no se podía llevar el uniforme; __”No se preocupe Capitán que ya le traigo lista su ropa.” Y se lo llevó. Comprendió que ya era un hombre hecho y derecho, lo metió a estudiar en La Maestranza, una escuela de la Marina en el puerto de Veracruz donde aprendió a reparar motores y maquinarias, desde un reloj hasta una locomotora.

¡Feliz Día del Abuelo!



 Texto Publicado en: Kaniwá #69 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 27  de julio de 2016.











lunes, 12 de septiembre de 2016

Don Mario Ruiz Fernández. Abril 1939 – Agosto 2004

Don Mario Ruíz Fernández nace el 2
de abril de 1939.
Por Joel García Cobos. 


Don Mario Ruiz Fernández fue un locutor muy estimado en nuestra ciudad, hombre culto, le gustaba leer,  siempre buscó la superación personal e impulsó a muchas  personas. En este mes de  agosto, cumple  12 años de su fallecimiento. Investigando un poco de su vida, su esposa, la señora Lucía Sánchez Méndez accede a proporcionarme  algunos de sus datos  biográficos.

Don Mario Ruiz Fernández,  nace el 2 de abril de 1939 en Gutiérrez Zamora, Veracruz; sus padres fueron Natividad Ruiz originario de la ciudad de Zacatecas y la Sra. Virginia Fernández,  de Ixtacamaztitán, Puebla; tuvo varios hermanos, entre ellos: Jobita, Othón e Inocencio. De niño tarareaba canciones y jugaba a ser locutor utilizando cualquier objeto como micrófono. 

Pocos años después la familia se traslada a San Pablo del mismo municipio, ingresa a la Escuela Primaria donde solo había los 3 primeros  grados, egresando a los 11 o 12 años,  comienza a trabajar en el campo para ayudar en el gasto familiar, al no sentirse satisfecho en esta labor, convence a su mamá y se van a vivir a Martínez de la Torre, ahí trabaja en una refaccionaria, pero tampoco siente que se esté desarrollando.


A los 17 años su mamá lo trae a vivir a Poza Rica, en casa de unos familiares, aquí encuentra al Poza Rica pujante y en expansión de mediados de  los 50´s, es el Municipio libre y lo ve como un lugar de oportunidades. Primero entra a trabajar como chofer en una empresa de transporte urbano, ahí estuvo un año, en el camión escuchaba el radio y decide ir a la XEPW a preguntar cómo ser Locutor, le informaron que debía tener su certificado de Secundaria y pasar exámenes  de conocimientos y de aptitudes en la Ciudad de México.

Por ese entonces conoce a la señorita Lucia Sánchez Méndez, originaria de Tampico, Tamaulipas y que llegara a la ciudad a la edad de 2 años, el 31 de diciembre de  1956 contraen matrimonio civil, procreando  6 hijos: Mario, Virginia Neri, Marco Antonio, Lucia del Roció, Rodolfo Tulio, Dulce Esmirna Kotelnich.

Don Mario fallece el 24 de agosto de 2004
a la edad de 65 años.

Continuó sus estudios en una Primaria Nocturna para Trabajadores, sus profesores y amigos Rafael Pérez López y Nemesio Gaspar Antonio lo animan y apoyan para que siga la Secundaria.  Antes de terminarla, presenta los exámenes  para recibir su Licencia de Locutor y es rechazado, su esposa lo anima para que lo intentara de nuevo.

Mientras tanto, realiza prácticas en la radio, desde el primer momento supo que estaba en lo suyo,  poco a poco toma experiencia. Años después, al presentar los  exámenes  los aprueban con facilidad, llevando completos los requisitos a la radio difusora. Le asignan su primer programa, su horario era a las 6 de la mañana, él abrió la programación durante los siguientes 30 años.  

Fue muy fecundo en su trabajo, producía programas, hacía entrevistas, narraba encuentros deportivos, partidos de futbol, beis bol de las Grandes Ligas, entrevistó y fue amigo de muchas estrellas del deporte y cantantes, políticos y grababa comerciales.  Fue maestro de ceremonias en innumerables eventos.

Don Mario fue una persona alegre, platicadora, tocaba la guitarra y cantaba, una vez vino un grupo de artistas a presentar su espectáculo, él los entrevistó, al escucharlo cantar le hicieron una prueba de voz y le aseguraron que era Tenor; primero cantaba rancheras, pero al tomar clases de canto el maestro Martinolli le sugirió que dejara ese género y le recomendó la balada, entre las canciones que le gustaba interpretar estaban: María Elena; Por ti aprendí a querer; Rayando el sol; Granada; muchas canciones de María Grever, incursionó en el Clásico, su  esposa recuerda que cantó el Ave María en la iglesia de Papantla.

Era feliz donde hubiere un micrófono. El 24 de agosto de 2004 muere don Mario Ruíz Fernández, a los 65 años de edad. 


 Texto Publicado en: Kaniwá #68 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 21  de agosto de 2016.













martes, 30 de agosto de 2016

Cómo han pasado los años.





Por Elisa Cobos Enríquez.
                               
Viene a mi mente mi graduación de Primaria, cuando los maestros tenían  hora de entrada pero no de salida, hasta que el alumno entendía la clase y copiaba la tarea del pizarrón en el cuaderno.


Íbamos en la mañana y en la tarde, sin dejar de cumplir con las labores de la casa: barrer las hojas de los árboles, acarrear agua, regar las plantas, recoger los huevos de las gallinas.  La escuela se llamaba Manuel M. Oropesa, era solo de niñas, no contaba con edificio propio, el Municipio de Alvarado rentaba la casa que compartíamos con el dueño, un anciano que quería que permaneciéramos todas esas  horas  en absoluto silencio, eran 3 grupos de 30 o 40 alumnas de cada uno: 4º, 5º y 6º.

A diario iba el señor a la presidencia a exigirle al Alcalde que desocupara la casa, él le contestaba que el edificio estaba en construcción, que tan pronto lo terminaran nos  cambiaríamos. Un día que su berrinche llegó al límite, el presidente dio la orden de cambiamos,  no obstante que aún faltaban: el revoque las puertas, las ventanas,  el mosaico, y la segunda  planta para los primeros 3 grados. Estábamos en Sexto.

La graduación estaba cerca y organizamos la fiesta con nuestra maestra Rafaela Quirazco. No hubo trajes especiales, ni togas con lucidos birretes, íbamos con nuestro uniforme de gala: vestido blanco corte princesa, con cuello y mangas marineros en azul marino, y participaban los 3 grados con sus maestras. Tenías que hacer algo, cantar, bailar, declamar, tocar un instrumento, decir un chiste, contar un cuento, una adivinanza, una anécdota, leer alguna biografía de alguien importante o un suceso histórico, cualquier cosa que hiciera reír, llorar o pensar.


Una compañera fue la Maestra de ceremonias, como el piano estaba en nuestro salón y varias niñas tocaban perfectamente el piano, a cual más cantaba  un vals o alguna letrilla de la revolución, como la Adelita, La cucaracha,  la Valentina o la Coronela, al principio unas cuantas les hacían coro,  pero terminábamos cantando todas, lo importante era divertirnos.

En cada viernes social teníamos dos invitados que también estuvieron en la graduación, un joven de apellido Pensado, que declamaba muy bonito el poema Cobarde, con mucho dramatismo,  y el otro también joven, le arrancaba bellas melodías a su rústico e inseparable serrucho, lo aprisionaba entre las piernas, el extremo angosto lo tomaba con una mano y con la otra le daba con un palito, quién sabe cómo lo lograba, pero le sacaba melodías que imitaban el sonido de un órgano. A él le llamaban Fito el loco.

Al otro día fuimos de día de campo a las lomas, había muchos árboles  frutales, nuestras madres se encargaron  del menú: ricos tamales; tortas; plátanos fritos; de golosinas galletas hechas en casa, melcochas, pepitorias, palanquetas, sin faltar la horchata; sin tantos gastos ni banquetes.

Llevamos de invitado a nuestro buen amigo Fito, que aparecía en cualquier mitote o fandango del pueblo, nos ayudó cargando las canastas con la comida, al regresar, había tristeza y llanto,  porque nos separaríamos de  compañeras y maestras. No recuerdo que nadie haya tomado una sola foto, esto ha de haber sido en 1949. No cabe duda, cómo han pasado los años. 


Texto Publicado en: Kaniwá #68 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 21  de agosto de 2016.








  

domingo, 21 de agosto de 2016

Una página de nuestra historia.

Foto tomada  del facebook de Mario Román.
Por Joel García Cobos.

Aquí en Poza Rica, estamos recordando el 50 Aniversario de una gran tragedia, pues el 14 de agosto de 1966 una tubería registró una fuga en la Refinería Nuevos Proyectos de Petróleos Mexicanos, amenazando la existencia de miles de personas que huyeron despavoridas para todos lados alejándose de la explosión y el incendio que siguió.
Afortunadamente el trabajador, Fortino Yánez Zaleta,  enfrentó con valor la situación, con peligro de su vida, cerró una válvula de hidrocarburo evitando una tragedia mayor y de funestas consecuencias; lamentablemente murió después de lograr su desinteresado y heroico acto.
A 50 años, los familiares que sufrieron pérdidas humanas los recuerdan aún con tristeza, los seres queridos no se olvidan, permanecen inalterable; para los que vivimos en aquel entonces, quedan los recuerdos borrosos y las anécdotas que van pasando de generación en generación. 
Foto tomada  del facebook de Mario Román.
Yo tenía 6 años, mi madre como buena veracruzana cuenta con sazón lo vivido, lo implanta a los hijos que quieran escuchar el rico legado familiar, de tanto escucharlo no sabemos dónde termina su versión y dónde comienza la nuestra. (Ver Kaniwá #15 del 16 de agosto de 2015 y http://kaniwajoelgarciacobos.blogspot.mx/ 2015/08/la-explosion-del-14-de-agosto-de-1966. html ).
  Destaca: __”Aquí quédate Chatita, no te expongas al salir a la calle, ni expongas a los niños, si considero que están en peligro, pido permiso y vengo por ustedes. Él era así, previsor.” Su relato tiene ahora un rasgo de nostalgia y dolor.
En lo personal, repaso que la gente corría frenética por la avenida Ciprés de la colonia Chapultepec, cargando niños, bolsas, cajas, animales, a medio vestir y hasta desnuda. Años después escuché a doña Estela que contaba que iba y venía de su casa a la tienda de don Roberto Castro, en cada viaje se tomaba vaso tras vaso de leche y llegaba repitiendo: __ “Sé que es buena para evitar intoxicaciones” cuando fue a dar de cenar, ya no había ni una gota. Doña Estela y doña Tere cómo se reían al revivirlo.
Considero que dadas las proporciones, el pueblo pozarricense se portó bien, sobre todo con los niños extraviados, la radio que se solidariza en casos como este, transmitía las llamadas a su cabina: __”Me llamo Zutano de Abram, tengo en mi domicilio tal, dos niños vestidos así… que dicen llamarse X y Z, por favor pasen sus padres a recogerlos.”
Poza Rica arde por sus 4 extremos.
Mi madre también refiere la siguiente anécdota: ¡Ah! ¡Eso sí!, a los pocos días alguien quiso hacer su agosto, y una casa comercial sacó su propaganda: __”Atención, atención, Poza Rica arde por los cuatro extremos.”  Se oía una voz apresurada.
__¡Dios Mío! ¡Otro incendio! Claro era lo primero que uno pensaba, imposible que no pusiera uno cuidado, y todos nerviosos nos preguntábamos en cuestión de milésimas de segundos: __ ¿Por dónde vamos a salir? para luego escuchar una voz pausada y enfática: __”Pero arde por los bajos precios de su Almacén X.”
Ese corto anuncio se oía en otros lugares, iba de boca en  boca y cada quién le añadía su cada cual, lo oían familiares de personas que vivían aquí o iban a estos y les contaban su versión toda distorsionada, ni quién dijera que era un ardid publicitario, mi tío Ángel me llamó bien preocupado del puerto de Veracruz, le dijeron que Poza Rica había desaparecido, se preguntaba con impaciencia: __ ¿Cómo le habrá ido a Licha con sus niños pequeños y mi hermana ya grande.”
Lo bueno es que ya pasó, y Dios quiera que no se repita, es una hoja de la historia de nuestra ciudad, si no ¿Qué le contaríamos a nuestros hijos, sobrinos y nietos?

Texto Publicado en: Kaniwá #67 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 14  de agosto de 2016.






La aventura de la catarata

Por  Elisa Cobos Enríquez.

Enfermedad de los ojos. Me di cuenta que la tenía porque por el ojo derecho veía nublado y enfocándolo solo veía círculos oscuros, le platiqué al médico  geriatra y  me  dijo: __” Tiene Catarata, la voy a enviar al oftalmólogo” y él me confirmó el problema visual.

Después  de estudios de  laboratorio, cita con el cardiólogo,  examen del tórax, decidió operarme, las amistades me  recomendaban otros oftalmólogos pero mis hijos y yo  decidimos  que fuera el médico Noé, a  mi  edad, con 82 años, hipertensa, diabética y con problemas de circulación, decidió operarme muy seguro de  lo que iba a  hacer. Puse en práctica  sus  recomendaciones.

Amaneció el temeroso día,  me  encomendé a Dios, le  dije que  se  hiciera su voluntad y repetí el salmo  23 Jehová  es mi Buen Pastor.  Llegué  a  la  cita,  pasé por los preparativos, me aplicaron suero, al punzar mi vena  tuve  miedo, pues  por  mi edad se  han adelgazado, pero el médico  tiene muy buen equipo, incluido el anestesiólogo.

El problema para mí al estar  en  el quirófano era la postura, permanecer boca arriba una hora, el médico y su  equipo  me  hicieron más llevadero ese  tiempo, con  los  brazos y  la  boca  inmóviles, si no hubiera  sido así capaz  que grito y doy de jaloneos. Me  contó que hizo la incisión y jaló la catarata  que estaba  muy  dura, le  pregunté  si ya  me iba  a  quitar el suero, me contestó que no, que me iban a  pasar  a mi  habitación 28 que es mi edad con los números invertidos. 82 = 28.

Al entrar  a la habitación  me  llevaron  la comida, una rica  sopa  de  verduras, pues según no debo tener ayunos muy prolongados porque me  baja la  glucosa, cuando me  ha  bajado voy a dar al hospital, y me aplican  suero glucosado. También comieron mis familiares, juntos  y felices  porque todo salió bien.   
Con satisfacción declaro que durante esta aventura estuve tranquila, en compañía de  mis 2 hijas, mi nuera,  mi  hijo, mi  sobrino que lo  quiero como si fuera mi hijo, ellos  estuvieron en  la  sala. Al  médico Noé, a  su equipo de  trabajo, a mi familia y sobre todo a Dios,  les doy las gracias, y que Él nos siga  cuidando  y  bendiciendo.



Texto Publicado en: Kaniwá #67 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 14  de agosto de 2016.









Los caminos torcidos del Rey David.

Por Joel García Cobos.
        
Israel estaba en guerra, alrededor de la ciudad de Rabá se libraban cruentas luchas. Mientras tanto, en el palacio el Rey David estaba ocioso, una tarde se paseaba aburrido por las espaciosas terrazas tratando de distraerse, las proporciones del edificio le permitía explorar la calle, huertos, casas y patios interiores donde se desenvolvías escenas cotidianas de la capital.

El Rey veía para todas direcciones, caminaba despacio, se detenía y luego continuaba  en una de tantas alcanzó a ver a una mujer que indiferente y sintiéndose lejos de miradas indiscretas se bañaba sin prisa. Ahí estaba sumergida en el enorme balde de madera, semi cubierta de medio cuerpo por el agua fresca y aromática, con una jícara se refrescaba los brazos, los pechos y en el abdomen liso y fuera de grasa,  la otra mano  deslizaba sobre su piel morena disfrutando el agua primaveral.

El Rey embelesado contemplaba su hermoso y juvenil cuerpo, por un momento su conciencia le dijo que estaba haciendo una acción indebida, como si fuera una decisión estiró la mano y tomó una jugosa manzana de una mesita de servicio, la comenzó a comer sin apartar la vista de la joven que levantó el rostro,  pudo ver unos ojos tiernos enmarcados en un hermoso rostro.

Llamó a un siervo, este le informó que era Betsabé, hija de Elián y esposa de Urías, oficial del ejército; le envió un presente y la joven pasó el resto del día y la noche con el Rey,  un tiempo  después la mujer le informó que estaba embarazada, la ley citaba que las mujeres y hombres adúlteros debían morir, para salvarle la vida y la suya propia, ideó una artimaña,  mandó a llamar a Urías para que le diera un informe de la guerra y pasara unos días con su mujer, su plan no dio resultado, pues el soldado regresó a la batalla sin ir a su casa ni estar con su esposa.

Entonces le envió un mensaje sellado al general del ejército,  decía que pusiera a Urías en lo más peligroso del combate y luego lo abandonaran a su suerte, así se hizo. Después de los días de luto y purificación, el Rey se casó con Betsabé, Creyó que su adulterio y crimen quedaría encubierto y sin consecuencias. Pero Dios escuadrilla  los corazones  y motivos. Un día llegó el profeta Natán al palacio, después de un reverente y silencioso saludo  le comenzó a narrar:

__”Habían dos hombre,  uno era muy pobre, solo tenía una ovejita, la crió junto a sus hijos y la amó tanto que la tenía como una hija más. El otro hombre era rico,  a su casa llegó un familiar,  en vez de tomar de sus nutridos  rebaños un animalito  para agasajar al recién llegado, robó y mató a la  ovejita del vecino pobre.” El rey se levantó del trono indignado y despotricó que tal persona era digna de muerte y de pagar con 4  tantos. El profeta no obstante ´temeroso de su vida le dijo con voz firme: __”Oh Rey, tú eres ese hombre injusto y ruin. Y así dice Jehová: __Por cuanto haz actuado impíamente, la espada no se apartará de tu casa...”

Y sin demora se cumplió la sentencia, el Rey David tenía varias mujeres e hijos, y atravesó un largo periodo de tribulaciones en su vida: El niño recién nacido murió; el otro hijo de David, Ammón se portó vilmente con su hermana Tamar; Absalón dio un golpe de estado a su padre; y en el mar de sangre mató a su propio hermano Ammón.

David sufrió en carne viva las consecuencias de sus actos, reconoció su maldad, se  arrepintió de todo corazón,  escribió el Salmo 51  que es un tratado acerca del verdadero arrepentimiento, en los versículos del 8 al 12 dice:  

Hazme oír gozo y alegría, / Y se recrearán los huesos que has abatido. / Esconde tu rostro de mis pecados, / Y borra todas mis maldades. / Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, / Y renueva un espíritu recto dentro de mí. / No me eches de delante de ti, / Y no quites de mí tu Santo Espíritu. / Vuélveme el gozo de tu salvación, / Y espíritu noble me sustente.

Dios amó a David, olvidó sus rebeliones, se refería a él como su siervo, un “hombre conforme a mi corazón, que hará toda mi voluntad.



Texto Publicado en: Kaniwá #66 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 7  de agosto de 2016.







Las aves y sus enseñanzas.

Por Elisa Cobos Enríquez.

Las aves, nos dan ejemplo de compañerismo, solidaridad, responsabilidad y amor. Por ejemplo, los tordos que en algunos lugares les dicen pichos, tengo la costumbre de echarles tortillas en pedacitos.


Los observo, baja uno del árbol de mango, toma un pedacito en su piquito, si se da cuenta que hay otro pedazo más grande, deja el chico y toma el grande. Les pongo agua todos los das, 2 ó 3 veces al día,  ahí remojan la tortilla, yo creo para que se ablande.

 Otra constante que encuentro es que hacen guardia, siempre hay uno en el árbol, cuando ven que riego las tortillas, uno se va y tarda minutos en regresar, cuando regresa vienen unos 14, los voy contando en cuanto llegan.


Y las palomas son un ejemplo de amor, trabajo y ayudar, pues bien, cuando ya tienen el lugar para el nido, entre los 2 acarrean las ramitas, en ocasiones uno se queda en el nido arreglándolo, cuando ya está listo la palomita pone por lo regular 2 huevitos que entre los 2 empollan, mientras uno está en el nido el otro sale a suplir sus necesidades. Tardan entre 20 y 21 días en nacer y entre los 2 alimentan hasta que están listos para volar y seguir como sus padres, la reproducción. 

Estas observaciones me hicieron recordar  y escribir lo siguiente. Hace unos días pasó un hombre vendiendo pajaritos, era el mediodía, el sol quemaba y los pajaritos iban bajo la inclemencia del sol. El hombre se  protegía con un sombrero de paja y ala ancha, en cambio los animalitos iban con sus  piquitos abiertos, han de haber tenido sed y hambre, me entristece que muchos no sobrevivirían al día siguiente.

Me acordé de una lección que venía en mi libro de primaria, se trataba de un hombre que se encontró en la calle un vendedor de pajaritos, dicho señor los compró todos, una a una fue abriendo las jaulas y los pajaritos se precipitaron felices a su libertad.

__¿Qué ha hecho usted? Le preguntó el vendedor asombrado, añadiendo que eran aves muy finas, habían: gorriones, jilgueros, cenzontles, mirlos, cardenales, canarios. A lo que el señor contestó: __”Acabo de salir de la cárcel por un delito que no cometí, no puedo ver pajaritos enjaulados,  ¿Qué delito cometieron ellos? ¿Solo porque cantan hermoso y son bellas? No es justo que las tratemos así.

Yo  hago una petición a las autoridades, que apliquen las leyes de protección, deben estar libes, en su hábitat.

Texto Publicado en: Kaniwá #63 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 16  de julio de 2016.









Cantando con Mamá Yaya.

Por: Elisa Cobos Enríquez.


Había en mi barrio una señora muy respetada y admirada, se llamaba Candelaria, y la chamacada le llamábamos Mamá Candelaria,  para abreviar y de cariño: Mamá Yaya. Era una ancianita de unos 80 años,  de cara agradable y risueña, bajita, robusta, morenita con trenzas, amistosa con todos los niños que la buscábamos como los polluelos a la gallina.

Nos sentíamos muy a gusto con ella, nos refería anécdotas de su vida, por ejemplo, nos contaba que cuando era joven y vivía su esposo, fue maestra de huapango; su esposo tocaba la jarana,  el arpa y además cantaba, ella pedía que la acompañaran las niñas y así enseñó a muchas a bailar. Los sones que más le gustaban era La Bamba en pareja. El Colás; El Canelo; La Bruja; La Iguana; El Jarabe Loco.

Cuando caía la tarde se sentaba en su silloncito en la calzada, nosotros la rodeábamos y entre el relajo la invitábamos para que bailara, pero ya no podía, lo que hacía era cantar y poco a poco la seguíamos, hasta que nos aprendíamos los versos, nos enseñó muchos sones.  Empezaba con la Bamba: Para bailar la Bamba. / Para bailar la Bamba. / Se necesita una poca de gracia. / Una poca de gracia y otra cosita. / Arriba y arriba. / Arriba y arriba. / Por ti seré, por ti seré. /  


Cantábamos con Mamá Yaya que vivía cada verso. Luego El Canelo: Dónde va Canelo ¡Caramba! tan de madrugada. / Dónde va Canelo ¡Caramba! tan de madrugada. / A cortar lechuga. Canelo. Pa´ la ensalada. /  A cortar lechuga. Canelo. Pa´ la ensalada. / Dónde va Canelo tan de mañanita. / Dónde va Canelo tan de mañanita. / A cortar lechuga. Canelo. Pa´ su abuelita. / A cortar lechuga. Canelo. Pa´ su abuelita. / A la tripa tripa tripa de mapache. / A la tripa tripa de mapache. / Mi mamá no quiere que yo me emborrache. / Mi mamá no quiere que yo me emborrache. / Pero si lo hago que sea con tepache. / Pero si lo hago que sea con tepache. / A la tripa, tripa, tripa de venado. / A la tripa, tripa, tripa de venado. / Mi mamá no quiere que coma pescado. / Mi mamá no quiere que coma pescado. / Pero si lo hago que sea de Alvarado. / Pero si lo hago que sea de Alvarado. /

Y seguían los versos con la alegría de Mamá Yaya y el entusiasmo de estar con ella, ella aplaudía, reía, y decía: __”Ora muchachas canten, esta es nuestra música jarocha.” Cómo disfrutaba con cada canción, luego canturreaba La Iguana: A la gea gea que iguana tan fea. / A la gea gea que iguana tan fea. / Que se sube al árbol y cacaraquea. / Que se sube al árbol y cacaraquea. / Pone su huevito y se zarandea. / Pone su huevito y se zarandea. /

No faltaba El Jarabe Loco: Este es el jarabe loco. / Este es el jarabe loco. / Que a los muertos resucita. / Que a los muertos resucita. /  Sale de la sepultura / moviendo la cabecita. / Sale de la sepultura / moviendo la cabecita. / Cogollo de lima, rosa de laurel. / Cogollo de lima, rosa de laurel. / Cómo quieres niña / que te venga a ver. / Cómo quieres niña / que te venga a ver. /


            La Bruja: / Hay que bonito es volar. / A las 2 de la mañana. / Hay que bonito es volar. / A las 2 de la mañana. / Para venir a caer en los brazos de su amada. / Para venir a caer en los brazos de su amada. / Me lleva la bruja, me lleva al cuartel/ Me lleva la bruja, me lleva al cuartel. / Me vuelve maceta y me da de comer. / Me vuelve maceta y me da de comer. / Me lleva la bruja, me lleva a su casa. / Me lleva la bruja, me lleva a su casa. /  Me vuelve maceta y  calabaza. / Me vuelve maceta y  calabaza.

Nos pasábamos cantando un buen rato los versos sencillos de nuestras canciones jarochas, que aún cantan con orgullo muchos artistas de antaño y también recientes,  como Yuri y Eugenia León, hay cientos de versiones, porque el chiste del son jarocho es versar,  narrarte algo, que disfrutes la vida tan bonita que Dios nos da; terminábamos roncas  de cantar y abrazábamos a Mamá Yaya, con la promesa de regresar a seguir cantando,  pues como dice el viejo refrán: __”De músico, poeta y loco, todos tenemos un poco. “  
¡Arriba Veracruz!


Texto Publicado en: Kaniwá #62 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 9  de julio de 2016.








domingo, 7 de agosto de 2016

Profra. Altagracia. Cortés de Méndez

La maestra  Altagracia Cortés  al  cumplir
84 años  de edad.

Por Joel García Cobos.

La Profra. Altagracia Cortés de Méndez, toda una institución educativa en nuestra ciudad, cumplió 84 años de edad.  Tengo el gusto y el honor de entrevistarla, llega caminando con facilidad, muy guapa y  elegante, vestida con pulcritud, como siempre ha sido, acompañada de su  hija la Lic. Columba Méndez.



__”Mi nombre de soltera es Altagracia Cortés Sánchez, nací   el 17 de junio de 1932,  en Zozocolco de Hidalgo, Veracruz  y cuyo nombre quiere decir Lugar de los Cántaros.  Mis padres fueron el señor Pedro Cortes Reyes y doña María Sánchez Landeros de Cortés. Se comercializaba la vainilla y el café. Recuerdo de mi niñez,  los hermosos cantos de los clarines al amanecer y la risa de los niños cuando jugábamos despreocupados en la calle.

Menciona con satisfacción sus estudios: En la Escuela Primaria Benito Juárez, fue alumna del gran educador Ricardo Sosa Lozada; continuó sus estudios en  la Secundaria Jorge de Castro Cancio de Papantla,  al terminar sigue preparándose en la Normal Básica  del Instituto de Capacitación del Magisterio Veracruzano en la ciudad de 9.

El 12 de diciembre de 1951 contraje matrimonio con el Profr. Eduardo Méndez Juan, (ver Kaniwá #37 del 17 de enero de 2016). En 1952 llegan  a vivir a la villa de Coatzintla, donde el Profr. Eduardo Méndez toma la Dirección de la Escuela Miguel Alemán y nace su primer hijo. En abril de 1952 se cambian a vivir a la colonia Chapultepec de Poza Rica,  comenzó a dar clases en la Primaria Niños Héroes y el Profr. Eduardo es designado Director.

__”Tuvimos 4 hijos: Juan Eduardo, José Ildefonso,  Luis Martín y Columba; ya al lado de mi esposo y a base de mucho esfuerzo,  estudié la Licenciatura en Ciencias Biológicas en cursos de verano en la Escuela Normal Superior de Puebla, concluyéndola  al parecer en 1976. 

Dio cátedras en la E. S. B. O #8; en la Academia John Gregg; en la Academia Hidalgo;  en la escuela Secundaria del Profr.  Agustín Ochoa Arana fue Sub directora; en la Secundaria Federal #3 José María Morelos y Pavón;  y Directora por varios años en la Escuela Primaria Enrique C. Rébsamen, ubicada en la colonia Manuel Ávila Camacho.

Escuela Primaria Estatal Niños Héroes.

__”Al principio  tuvimos que improvisar los muebles,  colocábamos unas hileras de ladrillos y le atravesábamos tablas, los grupos eran de 50 o 60 niños,  los maestros teníamos  que usar el ingenio  para captar su atención y que muchos años, también formaban el Comité don Darío Ánimas, don Rubicel Castelán, hicieron un buen papel.

__”Los domingos por las tardes organizábamos la kermes para recaudar fondos, el Profesor Eduardo  me llevaba ya atardeciendo, para hacer bulto y para iniciar el baile para que otros se animaran, cuando teníamos cierta cantidad fueron a ver al Gobernador López Arias, y dio otra cantidad, fueron a ver a un señor de Pemex, se fue haciendo de salón en salón, el Presidente Díaz Ordaz también dio un dinerito. 

 __Los maestros que dieron clases fueron: Zoyla Margarita Vargas Cuervo; Julia Díaz, Aurelia Martínez; Gonzalo Díaz Mora; Aida, Rafael Martínez y Martínez, Tomasa Campuzano Gómez; Emelina Caro Benavides; Rosa María Bermúdez; Jorge García Sánchez su hermana Refugio García Sánchez; Lourdes Cortés Sánchez (hermana de la maestra Altagracia); Guadalupe Hinojosa Mendoza; Guillermo García Pérez; Javier Cruz; Juana Aguilar; Juan Manuel Ocotla Contreras; Reyna Rangel Fonseca. Todos hicieron un magnífico trabajo, los que más se esforzaron en la construcción del edificio fueron: Las maestras Emelina,  Zoyla, Lula, Cuca, Aurelia, Rosa María, Delia Mendoza.

Y por  supuesto, la  estimada Profra. Altagracia Cortés y su esposo Eduardo Méndez Juan, quien falleciera en 1997 (q.e.p.d.).