martes, 13 de diciembre de 2016

La Petromex, lo que el tiempo se llevó.

La Maquinita, obra plástica del artista
Juan Carlos Gutiérrez Vargas.
(Segunda parte).

Por Joel García Cobos.


Continuamos platicando con doña Lucía y doña Efigenia Sánchez Méndez. Doña Efigenia asegura que hace años vio un periódico de 1938 donde salió la foto de su papá junto a La Maquinita, decía que trabajaba en la industria petrolera, de los pioneros,  y tenía 38 años de edad, salía con sombrero, frente a la maquinita  que  él manejaba, lamenta no haber guardado la edición. 


__“En la escuelita de madera fue mi hermana Ventura, eran grupos de 5 o 6 niños, muchachos grandes que iban a la primaria, era el puro techo, llevaban su silla, era mixta, ya nosotras nos tocó de madera, con 4 salones de primero a cuarto grado,  solo 2 maestros, cada uno atendía 2 grados, yo recuerdo a los maestros Jorge Bautista Loera, que vivía adelantito, el profesor Lorenzo Ochoa, el director fue el profesor Raúl Rivera Valenzuela”, comentó doña Efigenia y doña Lucía añadió: __”Cuando yo estaba en quintó llegó una maestra jovencita, era su hija, qué hermosa maestra, muy bonita, delgadita, no alta, me dio Quinto y luego Sexto.”
El riel de la maquinita rumbo a la Petromex,
foto tomada del libro Por la Senda del
Recuerdo del escritor José Luis Badillo..

__”Nos enseñaban de todo, a leer, escribir y hacer cuentas, a bailar, a declamar, hasta chistes en las tertulias sociales que eran cada viernes después del recreo, le decíamos Viernes Social, se juntaban todos los grupos y en el salón más grande ahí se hacía, el profesor tenía su lista de participantes, y los lunes eran los honores a la bandera, recordó doña Efigenia y a completó su hermana Lucía: __”Me acuerdo que en los días festivos en que se izaba la bandera, íbamos a las 6 de la mañana, apenas iba a clarear, éramos poquitos, los que vivíamos más cerca, corríamos, a veces sin zapatos, y estaba el maestro o maestra , a quien le tocara dirigir.”  

Las hermanas Sánchez, aseguraron que muchas cosas ahora son diferentes y que todos los hermanos Sánchez Méndez fueron a la primaria, (entiendo que continuaron en la que hoy es la Art. 123 Benito Juárez),  la hicieron después de concreto, cuando crearon la secundaria Rafael Pérez López, y  la primaria quedó en la entrada, narraron que la Benito Juárez se construyó gracias a don Adolfo Rendón, que vivía junto a la iglesia, en recompensa a su acto heroico, el Presidente de la República le preguntó qué quería para él y pidió la escuela.

__”En un libro acerca de la historia de Poza Rica leí una anécdota curiosa: Un señor ensombrerado, con botas hasta la rodilla, pantalón y camisa negra,  bigote como el de Zapata, fue a una función en el cine de ahí de la Petromex, él nunca había visto una película ni sabía que en una pantalla se movían los personajes,  entonces vio que un hombre le disparó a otro por la espalda,  el mencionado señor que usaba pistola sacó la suya y le tiró, porque no se vale matar por la espalda, y ahí quedó en la pared la marca del disparo, comentó riendo doña Efigenia y agregó: __”Se llamaba Juan Quiles, no recuerdo de dónde vino, su esposa era tehuana.”

__”En la canchita donde está la biblioteca Rendón, era un lugar libre y se hacían ahí los bailes, ahí iba ese señor y su esposa; También iban los estudiantes a jugar. En los desfiles se acostumbraba que fueran los papás y también desfilaban, enfrente iban los alumnos y después, atrás los padres de familia, una banda de música de los inditos de Escolín, amenizaban los desfiles en todas las fiestas, mi papá nos acompañaba él iba detrás de nosotros, el desfile comenzaba en la escuela cerca de la cancha, se iba por la carretera rumbo a Papantla, daba vuelta en la tienda Casa Blanca y enfilaba a la escuela nueva (Benito Juárez), que en aquel entonces no estaba, ahí dábamos vuelta y nos regresábamos, entrábamos a la escuelita y rompíamos la formación. Las fiestas eran: 18 de marzo, 16 de septiembre, 21 de marzo, 1ro. De mayo, 20 de noviembre.

Para terminar recuerdan que la Petromex tenía su propio movimiento social y deportivo (en el campo hacían competencias y ferias), desde que estaban en la primaria (poco después de 1944)  ya se celebraba el 18 de marzo con desfile, y que un año, vino a verlo el General Lázaro Cárdenas, no se bajó del carro ni se vio, pero todos comentaban que ahí iba. También recuerdan que en esas fechas la Petromex y Poza Rica (Km. 56), eran “independientes” uno del otro, que conocían a Poza Rica por fotos, tenía pocas casas y de madera, ya que ellas no salían de la Petromex, y solo venían a lo que hoy es el centro de Poza Rica, cada 8 días a comprar al mercado y ahí mismo se regresaban.

No cabe duda, lo que el tiempo se llevó.


Texto Publicado en: Kaniwá #82 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 27 de noviembre de 2016.






lunes, 21 de noviembre de 2016

La Petromex, lo que el tiempo se llevó.


(Primera parte).

Por Joel García Cobos.

El 20 de Noviembre de 1951, es la fecha oficial de la celebración de  Poza Rica como  Municipio Libre. En esta aventura política se unieron habitantes de las congregaciones: Poza de Cuero o Km. 52, Poza Rica o Km. 56 y Petromex,  que ahora son colonias. Recordemos que hasta esa fecha estas 3 comunidades pertenecían al municipio de Coatzintla,  con la perforación y gran producción del pozo Poza Rica 2 se cambió aquí el campo petrolero, con lo cual el Km 56 tomó gran importancia al grado de convertirse en el municipio 198 de nuestro estado.

Tengo el honor de presentar el testimonio de las señoras Lucía y Efigenia  Sánchez Méndez, de cómo era la Petrolex a partir de 1938 y qué recuerdan de ella.


__”De Tampico a Tuxpan llegamos en una balsa, por toda la orilla del mar, nos cuenta Ventura nuestra hermana que era mayor, lo bueno es que no hubo mal tiempo,  luego de Cobos  a Poza Rica en la Maquinita, primero se vino mi papá en 1938, Pedro Sánchez Mar que nació en Tampico en 1900, luego mi mamá Aniceta Méndez Pérez, también de Tampico, de 1905.” Inició el relato doña Lucía Sánchez Méndez, asegurando que ella tenía tan  solo 2 años al llegar.

__”Me contó mi mamá que vinimos porque allá se oía decir que en Poza Rica había mucho trabajo, mi papá dijo ‘nos vamos´, las vecinas los trataron de desanimar:  __’No, se vayan para allá señora, hay mucho mosco y se van a morir  de paludismo.’ Mi mamá les contestaba que si él dice que sí,  pues nos iremos. Ya venían mis hermanas: Esperanza, Ventura, Anastasia, Paula, Petra y Lucía, que nació en 1936 en un hospital español.  Aquí nacimos: Yo,  Efigenia, que con el tiempo les presumía  en broma que fui la primera petrolera de la familia, luego Ignacia, Concepción, Isidra, Pedro y Carmen.” Continuó doña Efigenia Sánchez Méndez, muy contenta de relatar sus  recuerdos.

Narraron que La  Maquinita cargaba de todo, llegaba al Km. 31,  se  venía todo derecho hasta el Km 52, luego seguía la vía por  todo  lo que hoy es el bulevar Ruiz Cortines hasta el  centro,   pasaba por la puerta 1 de Pemex, de ahí se iba hasta lo que  ahora es la  colonia Petromex,  en la  calle Pescantes, donde está la iglesia, hacía una curva a las instalaciones industriales (calderas), y descargaba materiales. Este fue el recorrido en 1938 hasta su nuevo hogar, comentó doña Lucía con un brillo de orgullo en sus ojos.

La Maquinita, obra plástica del artista
Ehivar.
__”La Petromex era muy diferente a como es hoy, muy tranquila, habían pocas casas y todos nos conocíamos, los terrenos eran grandes, por dondequiera que se caminaba veías gente conocida de Tampico, comprendía de donde está la iglesia, atrás estaba la tiendita Casa Blanca, en una callecita que iba rumbo a Papantla; puro monte, el Campo, y para acá hasta donde ahora está la Escuela Primaria Art 123 Benito Juárez.” Señaló doña Efigenia.

                __”Cuando llegamos estaba la Escuela de madera, antes de llegar a donde ahora están las canchas y la Biblioteca Rendón, de la vía de la maquinita entrabas por una callecita ahí estaba la escuela. El parquecito no estaba, es más reciente. Había un cine, yendo del centro de Poza Rica a la Petromex  a mano derecha, a bordo de la vía. Había varios negocios como carnicería, tiendas.  Vivimos en 2 o 3 lugares diferentes,  a donde llegamos primero había un cerro enfrente, ahí fue mi papá a cortar tarro para hacer  la casita, era un solo cuarto con techo de palma, una galera, mesa, anafre, no teníamos muebles dormíamos en el suelo, ahora le cuento a mis hijas y se ríen.” Comentó doña Lucía.

En su intervención, Doña Efigenia puntualiza que poco a poco fueron mejorando las viviendas,  después de años de madera con techo  de  cartón, hasta llegar a las construidas de material; los  empleados extranjeros vivían adentro del Campo en casitas bonitas, estilo california con sus porchecitos, había una caseta de vigilancia,  para pasar se necesitaba identificación,  ahí a la entrada de Pescantes había un consultorio médico con su enfermería donde los atendían,  se ve en fotos antiguas, eran 2 cuartitos. Después de la iglesia, caminabas hasta el portón donde había un vigilante,  y  seguían  las casas de los extranjeros. (Continuará).



Texto Publicado en: Kaniwá #81 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 20 de noviembre de 2016.
                                                                                                                              



                                                    







domingo, 13 de noviembre de 2016

¡Ay viejo! ¡No entrarás al cielo!



Por Elisa Cobos Enríquez.

Murió Chencho. Su viuda lo llora, familiares y vecinos se han reunido para velarlo.

La viuda puso una jícara sobre Chencho, pues era costumbre  del pueblo,  que las personas que fueran al velorio depositaran dinero, y así, cuando el difunto llegue al cielo, se lo entregaría a San Pedro y lo dejaría  entrar, de lo contrario, si no lleva suficiente, lo echará con los demonios.

Pero pasaba el tiempo y en la jícara estaban tan solo  unas moneditas, llegó la hija de ambos y la señora llorando le hizo saber lo que pasaba, conmovida la joven, le  quitó la pulsera y los aretes a su niña y los depositó en el recipiente, la señora sorprendida le expuso que eso no era dinero, a lo que la joven añadió que sí, y que era de mucho valor,  pues era oro.

Minutos después llegó Chinto, el hermano del finado, también a él le expresó la preocupación que tenía, él enseguida sacó de la bolsa de su pantalón un fajo de dólares,  tenía poco de  haber llegado de  Estados  Unidos tras años  de labor, y lo depositó junto al ya existente, la viuda mirando los papeles verdes y diferentes a los otros extrañada  le preguntó si San Pedro sabría que lo que era eso, él, orgulloso, le contestó que claro que lo conocía, era  dinero y del bueno.   

Así, poco a poco fue llegando más gente del pueblo y todos le echaban a la jicarita, de  dos,  de tres  billetitos.   Entre los que también velaban estaban un par de forasteros, no se perdían  ni un detalle de lo que pasaba, ya habían disfrutado de un rico cafecito con pan, luego  saborearon un rico mole de guajolote con arroz y bastante tortillas calientitas de maíz, hechas a mano, y para no despreciar, dieron cuenta de los tamalitos de chipilín con atole, siendo siempre los primeros en sentarse a la mesa.

Terminados los rezos y antes de cerrar la caja, la viuda pulsó la jícara, con satisfacción tomó los billetes y se guardó las  monedas,  los fue colocando alrededor del cuerpo de Chencho mientras le decía en voz baja pero firme: __”Viejo, llevas suficiente dinerito para que San Pedro te deje entrar”, taparon el féretro y lo llevaron en hombros hasta el cercano cementerio.

Los vagabundos también iban silenciosos mezclados en el cortejo, lo sepultaron a  la usanza del pueblo, una sonora marimba dejó escuchar a todo lo que da las notas confortantes del vals Dios Nunca Muere, la viuda agradeció las  atenciones e invitó al novenario, fue hasta entonces que todos se fueron a sus casas a dormir.

 Al otro día, muy tempranito el sepulturero fue a avisarle a la viuda que la tumba estaba abierta, los vecinos se ofrecieron a acompañarla, en efecto, al llegar al camposanto la tumba estaba abierta: ¡Habían robado a Chencho! La viuda sollozando exclamó: ¡Ay viejo! ¡No entrarás al cielo!


Y del dueto, ya no se supo nada.  


Texto Publicado en: Kaniwá #78 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 30 de octubre de 2016.









lunes, 31 de octubre de 2016

Las plantas sienten.

Por Elisa Cobos Enríquez.


Por Elisa Cobos Enríquez.
Mi hija sembró dos ramas de albahaca en sendas macetas, las cuidamos con esmero,  crecieron frondosas, bonitas, me deleitaba en verlas, tocarlas, olerlas, les decía todas las mañanas que eran una hermosura.

Un día llegó a casa una amistad y comentó que tenía muchas plantas, pero que la albahaca no le prendía, mi hija y yo decidimos regalarle una plantita ya pegada, con todo y maceta para que no batallara en prenderla, se la dimos a mediodía, por la tarde mi maceta estaba marchita, de momento pensé que le hacía falta agua, pero la revisé y la tierra tenía suficiente humedad. Mi hija y yo comentamos el caso, llegamos a la conclusión que se entristeció porque la separamos de su hermana, compañera y vecina.

¿Y qué comentar del árbol de mango? Este arbolito lo sembré hace muchos años, mi esposo y yo lo fuimos a comprar en la carretera a un negocio especializado de árboles frutales injertados, aún tenía su Chevrolet 54 que tanto quería y cuidada, me lo vendieron por japonés, lo quería chaparrito para estirar el brazo y cortarle yo misma la fruta, lo abanaba con espero y me imaginaba ya con sus preciosos y deliciosos frutos, colocándole orquestas a las ramas  vencidas ante el peso de tanta delicia, cuando fue creciendo me dije esta criaturita no es japonés sino nórdico, creció tanto que ha de medir unos 7 metros, cuando le contaba a mis conocidos lo sucedido, me decían: __”Pues cómprese otro, siémbrelo, y corte el otro.” Pero la vida es amor, se encariña uno con los objetos y momentos agradables, y los sentimientos no están ni a la venta ni a la compra.
                                                                                                        
Bueno, les decía de este arbolito de mango, hemos pasado tantos años juntos, que lo he observado tanto y me ha enseñado que también siente. Por ejemplo, he notado que en el invierno, cuando amanecen los días muy fríos, sus hojas parecen que están medio enrolladas, como si sintieran frío,  creo que permanecen así para darse algo de calor. Si a mediodía sale el sol,  se extienden para recibir el calor, se tornan brillantes, a mi entender están alegres.

Viene a mi mente un poema, lamento haber olvidado el autor, si alguien lo sabe, dígamelo por favor, dice así: “Creo que las nubes ven/ y a veces las nubes juegan/ creo que el viento les dice / cosas gratas a las yerbas/ que se mueven y  agitan/ cuando él va a jugar con ellas / a veces me entretengo / mirando las florecillas inquietas / las plantas son seres que sienten/ tienen vida, a veces por la mañana. 

Y usted ¿Qué opina?


Texto Publicado en: Kaniwá #75 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 8   de octubre  de 2016.




                                                          

viernes, 28 de octubre de 2016

Gritonas bajo la lluvia.



Por Elisa Cobos Enríquez.

Las fiestas patrias ¿Cómo no recordarlas? Si eran algo tan hermoso y especial. Desde semanas antes, las alumnas de quinto y sexto grado de la Escuela Primaria  Manuel M. Oropeza se nos asignaba la labor de hacer los adornos en papel de China, en esa década de los 40’s  no se  conocía el plástico. Así que decorábamos el zócalo, el Palacio municipal y su frente que era la explanada, donde se realizaba  la ceremonia del  Grito de Independencia.

Las compañeras  hacíamos las tricolores banderitas, por lo regular eran rectángulos o cuadros intercalados, adheridos  a mecates delgados y  resistentes,  estaban listos para el 13 de septiembre,  no se colocaban con más tiempo por los torrenciales aguaceros de ese mes. Con cuánta alegaría hacíamos  todo,  a la salida de clases nos quedábamos, se nos figuraba  que así teníamos más derechos de participar  de las fiestas.

El 15 de Septiembre Íbamos una palomilla como de 8 o 10  muchachas de la calle Nicolás Bravo, de 10 a 15 años, nos íbamos como a las 6 de la tarde, cada año Lala, una señora como de unos 50 años con discapacidad insistía  que la lleváramos, todas lucíamos nuestras galas más recientes,   dábamos vueltas en los pasillos del parque, generalmente por parejas y  nos encontrábamos y platicábamos con nuestras compañeras de escuela.  

En la nochecita era la Fiesta Mexicana,  frente al Palacio colocaban sillas y como no alcanzaban la gente se sentaba  donde pudiera,  en los bordes de las jardineras y banquetitas.  En el kiosco tocaba la Orquesta Municipal  melodías mexicanas y danzones, también habían tríos con sones jarochos, los alumnos de las diversas escuelas primarias   tenían a su cargo bailables, cantos, declamaciones antes y  después del  Grito. En una ocasión fue la Sinfónica de Marina.

A las 11 de la noche salía al balcón principal el Alcalde acompañado de las Señoritas: Independencia, Patria y Libertad ellas luciendo su juventud, belleza y vestuario, se les unía  además los miembros  del consejo  municipal, con cuánto fervor arengaban a los héroes y ondeaba la bandera, las campanas de la iglesia sonaban, los  juegos pirotécnicos eran lanzados   de la azotea del Palacio y explotaban  con sus luces y la ovación del pueblo. La comuna al terminar se iba al cercano Casino al baile de los adultos con una orquesta traída de afuera.

Una mención especial es para el Torito encuetado, muy típico  en esta región del Sotavento, la  gente se divierte al ser correteada  por  esta animalito artificial, que es movido por un valiente y escurridizo muchacho que va cargado de todo  tipo de cohetes, zumbadores, buscapiés  y demás. La gente huye divertida por todo  el zócalo y allá va el torito,  en una ocasión no respetó la tradicional zona del huapango, y hasta a la  tarima se subió, la gente huyo despavorida,  salían los buscapiés y zumbadores por todas partes y la gente divertida y muerta de risa.

Nosotras nos regresábamos a las 11 después del Grito, iban por nosotras algunas de nuestras madres, y como de  película, a esa hora comenzaba un torrencial aguacero, ahí veníamos todas las gritonas empapadas, cante y cante, y risa y risa, caminábamos de prisa y llegábamos muy pronto pues vivíamos a unas escasas cuadras, Lala venía todo  el regreso llorando, se quejaba en su media lengua que se le mojara el vestido, los zapatos y  las medias nuevas, la abrazábamos porque le daban miedo la tempestad, riendo le decíamos: __”Pero el año próximo no te traemos.”

Al otro  día, todas nos encontrábamos en el desfile, sin faltar Lala. 


           ¡Felices fiestas patrias! 


Texto Publicado en: Kaniwá #72 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, de 17  de septiembre  de 2016.









Un camino diferente.

Lic. Gustavo Díaz Ordaz.
Por Joel García Cobos.




El 2  de octubre es una fecha  de tristes recuerdos en nuestro país.  Viene a nuestra mente que en 1968, el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz reprimió una manifestación de estudiantes convirtiéndolo en un hecho  sangriento y brutal.   

En contraste,  también se conmemora que un  2  de octubre de  1869, nace en la India, siendo colonia británica, Mahatma Ghandi, quien llegara a ser el padre espiritual de la Independencia de su país, utilizando el pacifismo  como  un camino para lograrla.





Mahatma Ghandi, 
De ambos personajes y hechos se ha escrito mucho, no es mi intensión citar datos biográficos y reseñas históricas, aunque sí recomiendo leer y ver documentales al  respecto, porque  como seres pensantes necesitamos conocer los hechos para mejorar y no repetirlos. 
Gandi, con mucho esfuerzo se trasladó a la lejana capital británica y estudió Derecho,  su pensamiento pacifista fue evolucionando al grado, de unir su  paz interna con el conocimiento  del Derecho y lograr que el gobierno británico reconociera a su nación como un país libre y soberano. Le dolía las injusticias cometidas contra su pueblo y recomendó las marchas pacíficas para censurar la codicia colonizadora. Los británicos masacraron a infinidad de hindúes y finalmente firmaron la Independencia. Murió poco después por un fanático.

Manifestación de estudiantes.
Por su parte, Gustavo Díaz, también estudió Derecho y llegó a ser Presidente de la nación.  Tuvo la oportunidad que se le recordara por elevar el nivel de vida de los mexicanos. Pero no fue así ¿Qué lo llevó a reprimir de esa forma el  movimiento estudiantil. Desde entonces se  especula mucho y  no se llega a nada en las investigaciones de los ciudadanos, cada año por  estas  fechas sale a  colación el atentado  y  se repiten las suposiciones: El gobierno tuvo miedo, creyó que era un movimiento  comunista  para  desestabilizar  el  país; que  estaba en juego la imagen del  país  ante la cercana inauguración de los Juegos Olímpicos  México 68. Y muchas más.


No creo que el mandatario actuó por  miedo,  ni  para cuidar la imagen de  México,  si la  hubiera querido  cuidar primero hubiera cuidado la suya.  La televisora reinante ocultó todo, el hecho conocido  fue a cuenta gotas y el  impacto muy duro.

Ahora con las redes sociales circula más la información,  pero  esta permanece oculta  por la autoridad. Pero fuera  lo que fuera nada justifica dispararle al pueblo. Habrá caído en cuenta Díaz  Ordaz que  su evento estelar coincidiría con el pacifista?  Tal  vez no.  Pero sí ha de haber leído la frase de Juárez: “Entre las naciones, como entre los individuos, el respeto al Derecho ajeno es la paz.” Solo que decidió tomar un camino diferente.  



Texto Publicado en: Kaniwá #75 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, de 8  de octubre  de 2016.










domingo, 2 de octubre de 2016

La vida, caja de sorpresas.

Por Elisa Cobos Enríquez.                                                                                               



Algunas personas me decían: __ ”¿Para qué se  va  a operar de la catarata? A su edad y con todos esos problemas  de salud, para qué se va a exponer, no le va a ir bien.”

Realmente me sorprendían con su pregunta y su triste pronóstico __” Para qué?” Pues para ver bien, para mejorar mi calidad de vida, no porque una ya tenga sus añitos va a estar arrumbada en un lóbrego rincón. Les regresaba la preguntaba: “¿Tú no confías en Dios?” Si el médico me aseguró que todo saldría bien, y me encomendé a Dios y le dije: Hágase  tu  voluntad. Pues hay que confiar en él.  Él lo sabe todo.

Han pasado 3 semanas de la cirugía y estoy feliz,  ahora veo los colores más intensos, ya veo bien las letras y leo de corrido, como hace varios años. Una vez que releía La Aventura de la Catarata mis hijos bromearon conmigo, me dijeron: __ “Pero no estás leyendo, te lo aprendiste de  memoria.”   Cómo me reí de esa ocurrencia, reconozco que  al no ver  bien cancaneaba mucho, aun así leía, ya no confundo las letras.

Ahora disfruto más el leer y el escribir, la vista es uno de los regalos que  Dios nos dio al igual que la ciencia  y  hay  que aprovecharlos bien, me gusta sentarme en el corredor y ver el cielo cuando corretean las nubes; el árbol de mango  cómo mese sus ramas  con  el viento,   antes lo veía todo borroso, enseguida sentía cansancio, me molestaba la luz y en las  sombras no distinguía, me perdía ver con detenimiento a la naturaleza, otro regalo de Dios.

Hace unos días vino una visita,  me platicó que tiene catarata, pero por nada del mundo dejaría que lo operen ni que le anden en los ojos, que sería algo problemático y doloroso. Yo le di mi experiencia, no lo es ni una cosa ni la otra, al menos con el doctor Noé, comencé diciéndole que antes también pensaba así, pero  ahora que veo tan bien  me alegro que lo intenté y todo salió de maravilla. El señor se animó y dice que se operará. 

Cuando fui a consulta con el médico le llevé el suplemento Kaniwá, creyendo darle una sorpresa, pero ya lo había leído, otro médico compañero de él se lo llevó, le  dijo que le llamó la atención el título y le gustó, así que la sorprendida fui yo.

La vida está llena de sorpresas, cada día es una nueva oportunidad. ¿Por qué nosotros mismos nos vamos a limitar por nuestros miedos?  Yo quería recuperar mi vista para leer, ver bien mi jardín, las hojas lustrosas en sus diferentes tonalidades  y las sonrisas de mis nietos y bisnietos.


Texto Publicado en: Kaniwá #71 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, de 10  de septiembre  de 2016.







Las dos abuelitas.

Por Joel García Cobos.  

           
El personaje de esta historia tuvo una infancia feliz, conoció sus 2 abuelitas, eran muy diferentes entre sí, lo querían y  ese amor fue recíproco,  a pesar que ya tienen más de 30 años  de haber bajado al descanso,  las recuerda constantemente. El amor de las abuelitas es muy especial y te sigue toda la vida.

La abuelita Lola,  era morenita, alta, robusta, de pelo chino, platicadora y de carácter arrebatado, no se dejaba de nadie, siempre decía lo que sentía, tenía muchas amistades.  La abuelita Gaby, era blanca, bajita, llenita, de pelo lacio, reservada, de carácter apacible, pensaba las cosas y muchas se las guardaba. De pequeño les decía la abuelita grande y la abuelita chiquita

La abuelita Lola vivía con él, aunque  pasaba largas temporadas en Alvarado, el ingenio San Cristóbal,  Antón Lizardo y Tlacotalpan, visitando a la familia y a sus amistades de toda la vida, en el estado de Veracruz, se sentía orgullosa de su sangre y cultura jarocha. No era la típica abuelita que lo abrazaba, besaba y le repetía te quiero, a veces lo sorprendía y le guisaba sus antojos: Hot cakes,  pan con mantequilla, unas gorditas de  anís, las tortillas calientitas con nata batida  de la leche de vaca, algún dulce típico.

Por la mañana tejía; a las 3 de la tarde que llegaba la programación veían televisión; pero lo que más disfrutaba de ella eran sus pláticas, le contada de sus papás, abuelos,  tíos, lo hacía retroceder hasta 1850; le platicaba de su niñez y  juventud, ya de 1895 para acá; como le gustaba mucho leer,  declamar y enterarse de todo lo que sucedía, le mantenía horas completas con la boca abierta, la hacía de suspenso, urgiéndola para  que continuara el relato.


La abuelita Gaby vivía con su hija y yerno,  a cuadra y media del nieto, caminaba muy rápido y lo visitaba varias veces al día, le contaba sucesos de la colonia, tampoco le decía que lo quería aunque él sentía su amor, a veces lo abrazaba por breves minutos, o se paraba a su lado  y le echaba su brazo por los hombros, cuando creció  por la cintura, así permanecían largo rato, en silencio. Él también la visitaba seguido, cuando su mamá lo mandaba al mandado, pasaba a preguntarle si quería algo, le traía a veces la masa, se sentaban en la sala, tenía un silloncito de paja, cuando era niño le gustaba sentarse ahí y mecerse, ya más grande le gustaba verla ahí sentadita, en silencio, le sonreía con esa carita tierna, surcada de arrugas.

A la abuelita chiquita le gustaban mucho las plantas, las flores,  la casa de su yerno era muy bonita, siempre bien pintada e impecablemente limpia,  dos lados tenían pavimento, y en  los otros dos tenía su jardín con banquetas, abarcaba el frente y  el lado oriente,  bien cuidado, con cientos de variedades, le decía que habían de sol y de sombra, de mucha y poca agua,  de hojas caducas y perennes, que floreaban y otras que no; hacía el abono con las hojas y flores que caían, principalmente de una limonaria. 

Cuando creció el nieto,  sentía un inmenso placer poderla ayudar a cuidar sus plantas, también le conseguía latas grandes de aceite, las cortaba, remachaba los bordos para que no se fuera a cortar y se las pintaba; le ayudaba a cambiarlas de sitio. La abuelita Gaby era evangélica, le hablaba de Dios y de Jesucristo, ella le enseñó la primera Biblia que conoció, oraban. A la abuelita  Lola le gustaba leerle  el sinfín de cartas que le llegaban.

 Se sentía feliz con sus dos abuelitas.   


Texto Publicado en: Kaniwá #71 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, de 10  de septiembre  de 2016.





La abuela Juana Enríquez.

Doña Juana Enríquez Santiago.

Por Elisa Cobos Enríquez.

Fue madre, abuela y bisabuela sin haber conocido varón. Mamá Juana estaba en los preparativos de su boda, se casaría con un hacendado. Ya estaban los guajolotes gordos, calculados los kilos de arroz,  de tortillas, sobre todo las encargadas de hacer los alimentos.

Pero la hermana de Juana murió dejándole 2 niños, cuando acordó fueron 3, pues un sobrino enviudó y le llevó un bebé.  Cuando se enteró el novio rompió el compromiso,  dijo que quería hijos pero que  fueran de él. Ella le contestó: __”Pues son mis hijos, mi sangre, y no los voy a echar a la calle.” En lugar de amargarse, mi abuela vivió sus 99 años con 8 meses, ayudando a medio mundo, segura de sí misma, hablaba con firmeza y autoridad, nadie la contradecía, la obedecían con amor y gusto.


Juana era compadecida y servicial, cuando venía alguna plaga como la viruela, se dedicaba a ayudar a la gente en desgracia, llegaba la brigada médica y colocaba banderas amarillas cerrando el  paso de la calle, entonces nadie podía entrar ni salir de esas casas. Ella recibía un permiso  especial para visitar los hogares en cuarentena, les compraba sus víveres, si no tenían dinero  les  conseguía qué comer, les llevaba agua hervida, café, pan, ropa limpia, cuando le  preguntaban si tenía miedo a contagiarse contestaba que no, que ella creía en Dios y que él sabía lo que hacía y cómo lo hacía, también contestaba: __   “Yo  cuido  a  los  enfermos, y Dios nos cuida a todos.”

Era comerciante, vendía leña, carbón, huevos, frutas, verduras, los niños crecieron y los mandó a la escuela,  a tío Ángel  lo  envío  a estudiar música, pronto aprendió  a interpretar varios instrumentos, a los 15 años tocaba en la orquesta municipal de Alvarado, como los bailes terminaban de madrugada, iba a buscarlo para evitar que adquiriera el hábito de ingerir alcohol.

Llegó la Revolución, el pueblo fue tomado por las fuerzas federales, mi madre y mi tío estaban en la adolescencia, ella al enterarse metió a la cama a mi tío, le amarró la cabeza con  hojas que  olían horrible,  con tinta le pintó puntos en la cara, para hacerlos creer que tenía la temible  viruela. A mi madre le soltó las trenzas, le untó tizne  en la cara y le dijo que hiciera su  mejor papel de loca, que de esa actuación dependía mucho. A mi madre le encantaba declamar con mucho dramatismo.  A mi tío, los hombres le dieron culetazos  con el máuser, pero al verle la cara salieron huyendo, en el paso se encontraron a mi madre gritando y arañando.

La abuela a todo le encontraba el lado amable. Una vez dos de sus primas  se encontraron a mi tío Ángel siendo niño, para hacerle la maldad le dijeron  que Juana no era su mamá y que lo había estado engañando, él fue con mi abuela y le preguntó si era verdad, con toda tranquilidad le dijo que ella ciertamente no era su mamá, que era su tía, y que como lo quería mucho no había sabido cómo decírselo. __ “Ya que lo sabes ¿qué opinas? Le preguntó cariñosa, el niño abrazándola y besándola le expresó: __”Tú eres la madre que conocí, que me dio Dios y no tengo otra.” Se fue Juana a buscar a sus primas, al verla llegar a la casa se escondieron, ella les indicó: __”Vengo a darles las gracias, yo no me atreví a decírselo.”

Años después el tío Ángel abandonó el hogar, se dio de alta en el Ejército, la abuela lo buscó y lo encontró en un cuartel, habló con el Capitán para llevárselo, éste le dijo que sólo con una orden firmada por el Secretario de la Defensa. Juana se fue a Xalapa a hablar con el Gobernador que era amigo suyo, la sala de espera estaba llena, se fue directo al privado, tocó y señaló: __ “Ábreme Fulano que soy Juana” salió el secretario y le dijo que esperara turno, la oyó el Gobernador y la hizo pasar. Al preguntarle en qué la podía servir le dijo su problema, él le contestó que atendía asuntos civiles, no militares y que la recomendación no le serviría. __ “Tú dámela y yo veré.
Regresó al campamento, enseñó la carta, el Capitán llamó al Sargento Palacios, que por sus conocimientos en música ya había ascendido, le preguntó si conocía a esa mujer, su respuesta fue afirmativa; le volvió a preguntar el vínculo que tenía con ella, tardó un poco y le contestó que era su mamá; por último indagó si se quería ir con ella, contestó afirmativo; y le dijo que no se podía llevar el uniforme; __”No se preocupe Capitán que ya le traigo lista su ropa.” Y se lo llevó. Comprendió que ya era un hombre hecho y derecho, lo metió a estudiar en La Maestranza, una escuela de la Marina en el puerto de Veracruz donde aprendió a reparar motores y maquinarias, desde un reloj hasta una locomotora.

¡Feliz Día del Abuelo!



 Texto Publicado en: Kaniwá #69 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 27  de julio de 2016.











lunes, 12 de septiembre de 2016

Don Mario Ruiz Fernández. Abril 1939 – Agosto 2004

Don Mario Ruíz Fernández nace el 2
de abril de 1939.
Por Joel García Cobos. 


Don Mario Ruiz Fernández fue un locutor muy estimado en nuestra ciudad, hombre culto, le gustaba leer,  siempre buscó la superación personal e impulsó a muchas  personas. En este mes de  agosto, cumple  12 años de su fallecimiento. Investigando un poco de su vida, su esposa, la señora Lucía Sánchez Méndez accede a proporcionarme  algunos de sus datos  biográficos.

Don Mario Ruiz Fernández,  nace el 2 de abril de 1939 en Gutiérrez Zamora, Veracruz; sus padres fueron Natividad Ruiz originario de la ciudad de Zacatecas y la Sra. Virginia Fernández,  de Ixtacamaztitán, Puebla; tuvo varios hermanos, entre ellos: Jobita, Othón e Inocencio. De niño tarareaba canciones y jugaba a ser locutor utilizando cualquier objeto como micrófono. 

Pocos años después la familia se traslada a San Pablo del mismo municipio, ingresa a la Escuela Primaria donde solo había los 3 primeros  grados, egresando a los 11 o 12 años,  comienza a trabajar en el campo para ayudar en el gasto familiar, al no sentirse satisfecho en esta labor, convence a su mamá y se van a vivir a Martínez de la Torre, ahí trabaja en una refaccionaria, pero tampoco siente que se esté desarrollando.


A los 17 años su mamá lo trae a vivir a Poza Rica, en casa de unos familiares, aquí encuentra al Poza Rica pujante y en expansión de mediados de  los 50´s, es el Municipio libre y lo ve como un lugar de oportunidades. Primero entra a trabajar como chofer en una empresa de transporte urbano, ahí estuvo un año, en el camión escuchaba el radio y decide ir a la XEPW a preguntar cómo ser Locutor, le informaron que debía tener su certificado de Secundaria y pasar exámenes  de conocimientos y de aptitudes en la Ciudad de México.

Por ese entonces conoce a la señorita Lucia Sánchez Méndez, originaria de Tampico, Tamaulipas y que llegara a la ciudad a la edad de 2 años, el 31 de diciembre de  1956 contraen matrimonio civil, procreando  6 hijos: Mario, Virginia Neri, Marco Antonio, Lucia del Roció, Rodolfo Tulio, Dulce Esmirna Kotelnich.

Don Mario fallece el 24 de agosto de 2004
a la edad de 65 años.

Continuó sus estudios en una Primaria Nocturna para Trabajadores, sus profesores y amigos Rafael Pérez López y Nemesio Gaspar Antonio lo animan y apoyan para que siga la Secundaria.  Antes de terminarla, presenta los exámenes  para recibir su Licencia de Locutor y es rechazado, su esposa lo anima para que lo intentara de nuevo.

Mientras tanto, realiza prácticas en la radio, desde el primer momento supo que estaba en lo suyo,  poco a poco toma experiencia. Años después, al presentar los  exámenes  los aprueban con facilidad, llevando completos los requisitos a la radio difusora. Le asignan su primer programa, su horario era a las 6 de la mañana, él abrió la programación durante los siguientes 30 años.  

Fue muy fecundo en su trabajo, producía programas, hacía entrevistas, narraba encuentros deportivos, partidos de futbol, beis bol de las Grandes Ligas, entrevistó y fue amigo de muchas estrellas del deporte y cantantes, políticos y grababa comerciales.  Fue maestro de ceremonias en innumerables eventos.

Don Mario fue una persona alegre, platicadora, tocaba la guitarra y cantaba, una vez vino un grupo de artistas a presentar su espectáculo, él los entrevistó, al escucharlo cantar le hicieron una prueba de voz y le aseguraron que era Tenor; primero cantaba rancheras, pero al tomar clases de canto el maestro Martinolli le sugirió que dejara ese género y le recomendó la balada, entre las canciones que le gustaba interpretar estaban: María Elena; Por ti aprendí a querer; Rayando el sol; Granada; muchas canciones de María Grever, incursionó en el Clásico, su  esposa recuerda que cantó el Ave María en la iglesia de Papantla.

Era feliz donde hubiere un micrófono. El 24 de agosto de 2004 muere don Mario Ruíz Fernández, a los 65 años de edad. 


 Texto Publicado en: Kaniwá #68 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Veracruz. México, del 21  de agosto de 2016.