miércoles, 12 de agosto de 2015

Poza Rica, tierra de oportunidades.



·       En 1956 llega la Familia Jacobo.
·       Trabajan en el comercio. 

·       Establecen Bonetería Memín.

Por Joel García Cobos.

Parados, don  David   y doña  Lupe  en 1956,
poco antes de llegar a Poza Rica..


Con la explotación del pozo Poza Rica 2, en 1932, esta ranchería ignorada hasta en el mapa del estado de Veracruz,  llegó a ser la capital petrolera de México. Vinieron de todas partes del país, personas y familias en busca de trabajo que les permitiera mejorar sus condiciones de vida.
       Con este sueño, llega en 1956 el matrimonio Jacobo Estrada, formada por don David Jacobo Juárez, originario de  Zacualpan,  Edo de México, nacido el 21 de septiembre de 1900, y doña Guadalupe Estrada Hernández nacida  en  Taxco, Guerrero,  el 26 de octubre  de 1912, traían a sus dos hijos: el joven Guillermo, nacido en Taxco el 17 de marzo  de 1936, y la pequeña Serena Elizabeth que nace el 16 de agosto de 1951 en Cuernavaca, Morelo.    
         Doña Lupe animó a su viejito a probar suerte en Poza Rica,  su paisano Florentino Cano les  comunicó  que aquí había mucho trabajo; don Canito, como le decían a don Florentino, a base de trabajar, ya era dueño de un humilde hotelito de  -
 
La pequeña Elizabeth al llegar a  Poza Rica.
madera que estaba a un costado de la Plaza Cívica 18 de marzo, le dio gusto verlos y les  prestó un cuartito donde pudieran vivir.
        Don David vio en Poza Rica una tierra de oportunidades, su trato sincero y afable le abrió las puertas de algunos comerciantes establecidos que les facilitaban saldos  de telas, ropa y calzado,  los revendían de casa en casa en las calles,  ahí se fueron trabajando, rentan casas para vivir  en la colonia Laredo, Flores Magón, División de Oriente, doña Lupe era ama de casa y Ely tuvo la oportunidad de ir a la escuela, en varias primarias. 

Guillermo Jacobo, llega a Poza

Rica a la edad de 18 años.


CONTIINUARÁ............



       Con  el  paso de los años, pudieron adquirir un triciclo, e incrementar   las ventas, y a la vez, se establecen en el Mercado Poza Rica, rentan un local y lo atiende don David ya de edad avanzada y Elizabeth en su juventud, lo llamaron Bonetería Memín, vendía ropa y telas a bajos precios, estaba  junto a Casa  Castillo y Casa Carrillo, ingresando por la puerta de la esquina de la zapatería Canadá.  Otro avance fue el poder comprar una  modesta  camionetita, don David,, Guillermo con Ely y 2 empleados,  los fines de semana se iban  a ranchar. 







Portada de  Kaniwá #9






Publicada en: Kaniwá #9 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Ver. México, el  5 de  julio de 2015.





















Pendiente.

Doña Meche, ejemplo de los pioneros.





Por Joel García Cobos.



Doña Meche era una señora  de edad madura, casada,  vivía en la ciudad de México, donde se ganaba la vida colocando su humilde puesto de ropa en mercados rodantes; luego, con el auge del petróleo,  fue una  de las tantas mujeres y hombres trabajadores  y valientes  que forjaron este girón de patria,  saltando vicisitudes, cada  fin de semana venía a poner su improvisado sitio en la periferia del mercado Municipal  Poza Rica,
Después de muchos años de azaroso trabajo, cuando obtuvo su puesto fijo y  su título de propiedad, convencida y satisfecha invirtió los papeles, dejó el cómodo D.F., y se cambió a vivir  a aquí, a una ciudad incipiente, que nació legalmente como tal, un 20 de Noviembre de 1951; ahora, solo iba a la capital a proveerse de mercancía.
 Escogió la colonia Petromex, se trajo a sus  2 ancianos tíos que eran hermanos entre ellos, a su hijo y  comenzó  a luchar por un Poza Rica mejor, brindando un mejor servicio; cuando alcanzó la excelencia,  buscó nuevos retos y decidió viajar al puerto de Tuxpan, los fines de semana donde abrió un nuevo negocio repitiendo el método.
Mis padres y Meche eran muy  amigos  supe que su amistad inició a principios de 1955, cuando estaban recién casados y se las presentó su vecina Queche.
En la sección de ropa y calzado estaba su puesto que se llamaba Casa Meche, olía a limpio,  a ropa nueva, a bolsas de nylon y  cajas de cartón;  vendía de temporada, de niñas, niños, jóvenes y señoras. Esta sección era limpia y ordenada,  el techo no era tan alto ni tan bajo, evitaba un poco el calor, no habían  chorreras ni escurrideros de agua, el suelo era de mosaico, los puestos cuadrados, como de 2.50 Mts; así como los pasillos y aunque sacaban mesas o exhibidores, aún quedaba mucho espacio para caminar y ver la mercancía con tranquilidad.
El puesto, aunque pequeño estaba bien surtido.  Tenía dos paredes en ángulo, en ellas colgaba la ropa en exhibición, abajo en tubos estaban almacenadas las  diferentes tallas, modelos y colores, en los otros  dos lados,  entre cajones de madera, exhibidores  y cajas de cartón tenía más  ropa. Entre todo esto Meche guardaba nuestras bolsas.
   Ya sin las engorrosas bolsas comenzábamos a platicar, unos  sentados en el sillón, que estaba afuera de la puerta, otros mientras veían la ropa, y a la vez todos juntos pues estábamos  muy  cerca: Meche, su hijo Pepe, su empleada, mis padres, mi hermano y yo,     mi hermano Javier  me llevaba 4 años era más o menos de la  edad de Pepe, y platicábamos  como una familia, nos turnábamos el sillón y el ventilador, tenían un radio siempre prendido en volumen bajo, tiempo después obtuvieron una televisión chiquita, nos entreteníamos viéndola cuando ya habían programas por la mañana.
Meche de tanto platicar y vernos cada semana conocía nuestros gustos y necesidades, y ropa que nos mostraba,  era seguro que  mis padres nos las compraban, tenía un tarjetero y ahí apuntaba la prenda, el costo, y el saldo, cada semana mi padre le  abonaba. 
Cuando andaba de moda una  playera, camisa o pantalón, le decíamos a mi madre que nos lo comprara, ella decía que sí y se lo  encargaba a Meche, ella lo buscaba en México y nos lo llevaba, a veces nos  traía también paletas, palanquetas de cacahuates, bastones o diferentes dulces.
Yo escuchaba pláticas que no entendía, mencionaban nombres de personas  que no conocía: un litigio por una propiedad; un par de ancianitos; mis padres le mandaban saludos a un médico, y éste a ellos, tiempo después mi madre me platicó  esas  historias

Portada  de Kaniwá7



Publicada en: Kaniwá #7 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Ver. México, el 21 de junio de 2015.


¡El golpe avisa!

Por Joel García Cobos. 
Ya con la barriguita llena y  el  corazón  contento, mi padre muy serio nos decía: __”Manos a la obra” caminaba de prisa e ingresábamos ahí cerca  al área de frutas y verduras, nos decía que  nos pusiéramos abusados,  porque  ya sabíamos cómo era ahí.
Joel García (al centro) el 10 de enero de 1965

con 2 de sus hermanos. 
     Y en  efecto,  antes de que cantara un gallo, se escuchaba una voz aguardentosa que decía cada vez más cerca:   __”¡Golpe, golpe! ¡El golpe avisa! ¡Ahí va el golpe! ¡Aguas con el golpe! ¡Va la sangre! y te tenías que hacer a un lado lo más pronto posible, pues aparecía un hombre corriendo cargando en la espalda un enorme pedazo de res.        
Después del incidente, volvía la normalidad, veía a mi padre caminando al frente, abriendo brecha,  o despacio cuando los pasillos  se  saturaban, generalmente en las orillas de  ellos,  se sentaban en el piso las inditas con sus tinas llenas de productos del campo,  vestían sus trajes típicos de totonacas, algunas sujetaban a sus criaturitas con sus rebosos en el regazo o en la espalda, los más grandecitos  paraditos junto a sus madres,  con   sus ojitos cargados de la tristeza de siglos, sostenían en sus pequeñas manos alguna  fruta; cuando mis padres se podían detener  les compraban. Me daba mucho abatimiento verlos, sus ojitos lastimeros me perseguían por la noche, me preguntaba a qué hora irían a la escuela.
Mis progenitores  por  lo regular compraban  en los mismos lugares, se hacían amigos de los vendedores, se decían marchantes o compadres, criaturitas con sus rebosos en el regazo o en la espalda, los más grandecitos   notaban que nos llevaban por parejas,   cuando iba mi hermanita  la comadre le decía contenta a mi madre: __“Ahora trajiste  a tu niña”; cuando no íbamos, por alguna enfermedad, con su mejor intensión le daban  remedios caseros para que sanáramos pronto.
Recuerdo que llegábamos al puesto de don Tomás y doña Panchita, estaban adentro, eran una pareja de inditos, a ellos les compraban casi toda la fruta y verdura, él siempre sentado y en silencio, echándose aire con un pedazo de cartón, ella parada, tratando de sonreír, con una franela en la mano acomodando los productos, en un mal español contestaba a todos los clientes que  le  preguntaban los  precios del día.
Mi madre nos enseñó a comer lo más saludable posible, en esa época sus conocimientos eran mucha fruta, verdura y carne  así que no perdía  tiempo y con habilidad se daba a la tarea de seleccionar, tardaba, pues escogía mangos, peras, plátanos y manzanas;  así como el tomate, la cebolla, las papas y los pepinos; doña Panchita le ayudaba a entre sacar lo mejor.
Así que de tanto ver, aprendí cómo es la  apariencia  ideal para que estuvieran en buen estado,  por ejemplo: la calabacita, la lechuga, la acelga, la  espinaca y los  pepinos deben ser muy verdes y no deben estar amarillos; en cambio la papaya debe ser  anaranjada;  los rábanos no deben estar bofos; ni secas  las jícamas ni las  papas.
Mi madre me ayudaba a acomodar en mi bolsa, y a doña Panchita nunca se le olvidaba  el pilón.  Esas mismas bolsas las llevábamos cada semana, y cada quien la lavaba, con cada compra pesaban más; era entonces justo y necesario un descanso, nos dirigíamos al área de ropa, en Casa Meche, un verdadero  oasis entre el calorón y el trajín,  mi hermano Joaquín y yo,  llegábamos corriendo  a ver quién ganaba el sillón  y el ventilador.

martes, 11 de agosto de 2015

El Rey de la barbacoa.



Por  Joel García  Cobos..



De niños uno de nuestros mayores placeres es comer, y solo es comparable  con el de jugar, el jugar y el comer están presentes durante toda nuestra niñez, recuerdo que cuando acompañaba a mis padres al mercado  pasábamos a almorzar antes de la  faena que  para mí era como un juego.
Detrás de los árboles de primer plano inicia el mercado. foto

reciente.
Nos  bajábamos del autobús en  la esquina que daba a lo que hoy es el hotel Juárez,  cruzábamos el paseo de la Burrita, este sin pasto porque la avalancha de gente siempre a las carreras no lo respetaba y pisaba, mis padres, un hermano __a veces mi hermana __ y yo, llegábamos al mercado y caminábamos  sobre la avenida Heroico Colegio Militar, llena de gente, cargadores y  camiones que  descargaban frutas, verduras y  abarrotes, entrábamos por esa puerta lateral y llegábamos al área de fondas con movimiento todo el día.
Para mí, era un gusto almorzar en esa legendaria y sencilla  fonda  donde    se saboreaba la mejor barbacoa de la región, en caldo y en taquitos,  era alargado y abierto, en  una  pared tenía dibujado  un hermoso borreguito, blanco  y gordo, en la otra celosía con  veintenas  de cajas  de refresco, estaba   atendido por su dueño, don Anatolio, Juanita su esposa   y un   adulto, que se  sabía, desde niño  llegó   buscando trabajo y que los señores criaron  como un más de  sus  hijos, lo llamaban Maleno. (1).  

 De piel  morena, cabello lacio y confección robusta, siempre estaba parado frente a la orquesta, sonriente, entre la olorosa olla y el mostrador atestado de comensales, vestía sobre su humilde ropa,  un mandil muy blanco, y habiendo crecido  en  ese  puesto, en sus manos tenía la destreza propia de su oficio: en cuestión de segundos despachaba docenas de taquitos;  mientras que  la señora  los consomees. 
 Magdaleno era como un gran director de orquesta, sus movimientos eran con sentido y precisión, sacaba de la tremenda olla la humeante y suave carne, la colocaba sobre la redonda tabla de madera, la picaba con destreza y estilo,  se escuchaba constantemente aquel alegre “tac, tac, tac, tac” que  presagiaba una nueva ronda de tan anhelado manjar; luego estiraba el brazo y  asía un platito con su papel renovado;  y para concluir, a las tortillas calientitas de acuerdo a los tacos __dos por cada uno de ellos__ les iba echando la deliciosa y suficiente barbacoa.
Cada consumidor, le echaba a su entero gusto: el limón,  la sal, el cilantro y la cebolla, sin olvidar  la riquísima y picosita salsa.  ¡Qué delicia! No había tacos  como aquellos en todo Poza Rica. No recuerdo cuántos de ellos nos alcanzábamos   a comer mi  hermano y yo.
Mi madre nos preguntaba si queríamos más, mi padre escuchaba la respuesta, si nos oía  titubear, hacía una seña y nos pedía otros cuatro, añadiendo: __Están creciendo, que no se queden con hambre”, pedir y agarrar era una sola cosa y tal el portento de aquel hombre trabajador nacido en el  estado de Hidalgo.
A través de los años supe, que el dueño del negocio  enfermó y murió, el fiel  Maleno lo sintió tanto que dejó de comer, al poco tiempo  también bajó al descanso, para mí él fue el verdadero Rey de la barbacoa.
(1)  Magdaleno Olivo Ortega, nace en José María Pino Suárez, estado de Hidalgo;   su hijo Gerardo Olivo Chavarría proporciona el dato.
















El lado sur del mercado.

domingo, 9 de agosto de 2015

El mercado Municipal Poza Rica.



Por Joel García Cobos,

Según la historia, nuestro  mercado municipal se inauguró en 1947, cuando Poza Rica  pertenecía al municipio de Coatzintla, y lo construyó Petróleos Mexicanos, siendo  su superintendente el Ing. Jaime  J. Merino.  Al parecer   alrededor de  la  galera central,   quedaba espacio para el estacionamiento que en aquel entonces  solo habían pocos carros; los comerciantes venían de los estados cercanos  como Puebla, Hidalgo, San Luis Potosí, así como Estado de México y Distrito Federal, cada fin de semana exponían sus productos, en  improvisados puestos de diversos materiales.

Av. 2 Norte,hoy H.Kehoe Vincent, en 1966.

Conforme  pasaron los  años, los comerciantes se fueron quedando para vender también durante toda   la  semana, improvisando puestos,  yo lo que  recuerdo de niño es, que ya no  había zona de estacionamiento, resultando un centro   enorme y desorganizado, lo  veía tan contrastante,  vastedad de puestos, gente y  productos,  era de un solo piso tenía techos tal vez  de  asbesto  y por 2 lados  puestos y  de los otros 2  lados tela ciclón.



Algunas partes como fondas, frutas  y legumbres les faltaba aseo, el piso no tenía mosaico, los cables de luz  se veían en mal estado y los cilindros de gas por doquier;  en tiempo de lluvias era  una tortura, con   escurrideros  constantes y las coladeras rotas y mal puestas.




Era feo, pero a la vez,  pujante y activo, lleno de imágenes  y aromas. Estaba en un  terreno plano, sus cuatro lados eran de diferente extensión, una entrada grande quedaba del lado del  bulevar Ruiz Cortines, y  la galera principal tenía solidas columnas, la marquesina estaba muy alta,  como piramidal con respiraderos circulares, a mí me parecía una inmensa cara que no se cansaba de ver pasar a  la gente

Del lado contrario, hoy la avenida 2 Norte Heriberto Kehoe Vincent, iniciaba con el hotel Poza Rica, la siguiente cuadra tenía varios comercios  y en la esquina  estaba  la zapatearía --
Canadá,    tenía un angosto  camellón pavimentado, pasando la calle comenzaba el mercado,  habían muchos negocios y  daban directamente a la banqueta,  recuerdo: Los Dantes, Radio Centro,  El Cenador, que vendían  pozole,  mondongo y antojitos, su apogeo era a partir de las 5 de la tarde, de aquí en adelante tenia tela ciclón pues era parte del área  de  fondas.


Cerca de la puerta central estaba Bazán, donde llegaban las publicaciones como periódicos y revistan de la Ciudad de México y de aquí se distribuían,  tal  vez  desde  mii primaria   estuvo ahí  pero yo  lo   recuerdo a partir de la secundaria cuando nos encargaban  algún impreso.
Los famosos churros y donas, foto tomada de ‘Super Churrería Los Jarochos’ reseña de José Luis Rodríguez Badillo, publicada en el libro  Por la senda del petróleo.
  Volviendo al lado Poniente, de tal vez   unos cien metros, lindaba  con el bulevar Adolfo Ruiz Cortines, aquí también  los comercios daban a la banqueta que siempre estaba llena de gente, pues ahí además de los negocios era la zona de ascenso y  descenso de los autobuses y taxis de ruta que  iban a las colonias, cerca del extremo sur estaba La Unión de  Comerciantes que era la oficina administrativa, no se en que año  construyeron un auditorio chico, en éste muchos años dieron clases de Corte y Confección, luego techaron con lámina un tercer piso que sale en muchas fotos.

En  el  extremo norte estaba La Fe, un puesto muy chiquito de materiales para manualidades que pertenecía a la maestra Aurorita, directora de las academias de costuras municipales, todo   el tiempo estaba lleno, pero más en mayo  y  diciembre; detrás  de  este puesto y a un lado de la puerta  de la esquina   había  un puesto de  aguas  frescas y otro de dulces.
Deliciosas  aguas frescas, foto tomada
 de la  misma   fuente.


Habían  varios puestos de aguas,  pero el más famoso estaba junto a la puerta ancha de en medio, qué  sabrosas aguas frescas, de varios sabores, mis preferidas eran mango,  horchata y tamarindo,  sencillamente deliciosas, se apetecían con los calorones de nuestra  ciudad; además eran muy solicitados los churros y las donas, con su delicioso aroma se hacían irresistibles a todos los que pasábamos,  mi papá nos llevaba  en temporada  fresca  cuando  salía de su trabajo  a  las 4 de la  tarde.  
           El lado Norte era el más corto, lindaba con la calle 13 de Diciembre, se le  llamó así en celebración  al día en que la Compañía Petrolera él Águila trasladó a principios de los  30’s  su campo petrolero  Furberos al Km. 56 hoy Poza Rica, algunas  personas consideran este hecho como  la fundación de nuestra  ciudad,   pues  antes solo hubo   unas chozas  desperdigadas, exceptuando lo que hoy son las   colonias Ávila Camacho y Petromex.     
      El mercado en  los 90’s   al centro Los Dantes. 


De ese lado  del mercado  las tiendas   no daban a la banqueta ni  se  podían  ver ,  tenía tela  ciclón y lámina, en el interior estaban los  puestos, generalmente  de telas y ropa, como Casa Castillo, Casa Carrillo, Bonetería  Memín; pasando la calle mueblerías como Graña y El gallo,  y zapaterías, un ejemplo, en la  esquina  la multi citada Canadá.  


                    Las demás áreas, no siendo muy exigente, estaban aceptables, se podía andar con normalidad, por ejemplo Carnes y pescados,  estaban limpios: trastes, semillas,  sombreros,  yerbas, plantas medicinales; piñatas, juguetes y  dulcerías, lo positivo: era un centro comercial donde se encontraba todo lo necesario, que proporcionó a muchos comerciantes, ingresos económicos suficientes para que sus hijos estudiaran carreras  universitarias o técnicas. 


































sábado, 1 de agosto de 2015

Rumbo al mercado.



Por Joel García Cobos.


Cuando era niño, durante mi primaria 1966 – 72, mis padres acostumbraban comprar la  comisaria,   
enseres y ropa, principalmente  en el mercado municipal y en algunos comercios de su periferia, en  ese  entonces la ciudad no contaba con las  grandes  tiendas de auto  servicio que hay ahora, como Soriana, Chedraui y Aurrerá, ni centros comerciales como El gran patio. Así que el mercado era el ombligo de la actividad comercial.


Como éramos 4 hermanos varones y luego mi hermana, cada semana mis  padres nos llevaban a dos, y dos se quedaban, y a la otra semana a los otros dos, con lo cual a mí me correspondía acompañarlos cada quince días. Mi hermana a veces iba, o se quedaba  con mi abuelita.

La aventura comenzaba al tomar el autobús para el centro, caminábamos a la esquina de la calle Nogal, esperábamos que pasara la ruta Chapultepec y nos  subíamos, ahí íbamos en suspenso sorteando los hoyancos, casi se volteaba el camión; en tiempo de lluvias se volvían peligrosas lagunas, con zacateras y mosquitos propicios para el paludismo. Si alcanzabas asiento, por la ventanilla  veías  el  triste panorama,  el  “oleaje”  llegaba hasta algunas de las salpicadas puertas de las casas que estaban junto a la calle; si ya iba lleno __por  más que te cuadraras como el Charrito Pemex__ resistías estoico ir colgado y rebotando entre los pasajeros.

Otra  opción era,   abordar el que pasaba en la calle Carretera Pozo 13, ésta estaba un poquito mejor, pero al fin de cuentas “Juan te llamas” y era lo mismo, el chofer sorteaba con pericia las lagunas, y en el bochornoso zangoloteo, anhelábamos    que el Municipio pavimentara al  menos las calles principales de Poza Rica, que el gobierno nos hiciera justicia y arreglara las colonias más céntricas.   ¿No se decía en los noticieros a nivel nacional que Poza Rica  es la capital petrolera del país?



  Después de tanto brinco, el autobús se iba por el bulevar Adolfo Ruíz  Cortines, disfrutábamos viendo el Paseo de la Burrita  con  su gran cantidad de árboles de muchas variedades, y aunque era la ruta más larga por autobús  llegábamos  al mercado en escasos minutos, pues la  Chapultepec es una de las colonias más céntricas __de ahí  
 nuestro berrinche__, la ruta corta es,  cruzando el puente de Las Reinas, pasas frente la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, detrás de las 2 primeras  escuelas fundadas  en la ciudad: Primaria  Art.   123 María  Enriqueta y secundaria        Colegio Salvador Díaz Mirón. 
Ya  en el centro,   las  últimas paradas eran las paralelas al mercado y al Paseo de
la Burrita, que  en aquel entonces  llegaba su  zona verde hasta allá, a veces su pasto estaba bien cuidado y en otras administraciones no , los autobuses dejaban su último  pasaje  en la esquina de donde posteriormente estuvieron los comercios: La Singer, el hotel Cristal, los baños Tampico y el hotel Juárez, aquí todo mundo bajaba.


La unidad continuaba una cuadra más, hasta llegar al cruce con la Av. Central 
Poniente, donde hoy pasa el Distribuidor Vial, aquí  estuvo durante muchos años enseñoreando, uno de los principales iconos de nuestra identidad pozarricense, el  añorado Reloj de la Paz, otros lo llamaban el Reloj Chino, regalo de la comunidad China.

































Gabriela Peralta destacada artista y docente.








Por Joel García Cobos.
La obra plástica de Gabriela Peralta Rosales se está exponiendo en Madrid España y Dallas Texas, en este 2015, mientras tanto,  sus alumnos no se quedan  atrás  y  realizaron una exposición “Arte para todos”, en los Talleres Libres de Arte Coatepec de la Universidad Veracruzana.

Gaby orgullosamente manifiesta ser de Poza Rica, nace aquí  en   1971, mantiene su arraigo, viene relativamente seguido invitada a exponer y dar pláticas, por ejemplo en febrero de 2014 expone De Poza Rica a Nueva York en Casa de Cultura y luego en la USBI de la U.V., y en marzo, participa también en el Día Internacional de la Mujer con otra exposición y una interesante conferencia.


Es una artista plástica genuina, una persona admirable y de gran calidad humana, esto unido a sus características: talento, constancia y pasión, le han permitido que en tan solo 20 años de trayectoria, ya sea reconocida a nivel nacional e internacional.
Siendo aún estudiante en la Facultad de Artes de la U. V. en Xalapa, Veracruz, inicia su búsqueda expresiva a través del estudio del cuerpo humano, fuente ilimitada de belleza, armonía, textura, sentimientos y emociones que encausa en diversos vasos comunicantes. No conoce la inactividad, es incansable en sus propuestas y objetivos, no solo ha sido artista de caballete y formatos grandes, ha enriquecido su labor incursionado como: Ilustradora de libros infantiles; diseñadora de artesanías; fotógrafa; maestra;  y recientemente madre de una niña.

Su labor, va en inquebrantable ascenso, en 1999 ya titulada ingresa como maestra de los Talleres Libres de Artes de la Universidad Veracruzana, en Coatepec, Veracruz, aquí se propone “que el arte se convierta en parte de la expresión cotidiana de los estudiantes”, no en un entretenimiento más ni pose excistencialista; desde entonces ha recibido un sinfín de merecidos galardones a su empeño docente y creativo, se comprueba,    pues en esos primeros 9 años, organizó 27 muestras de alumnos, obteniendo sus educandos un total de 18 premios, entre nacionales, estatales, menciones honoríficas y reconocimientos.
No es  de sorprender que en el 2003, gana un premio internacional y residencia creativa en Austria, siendo la primera artista latinoamericana en obtenerlo, se dio a la tarea de aprender el idioma alemán para poder cumplir el honroso compromiso e impartir durante 3 meses clases a los niños en una ciudad de Austria, su desenvolvimiento no pasó de noche, pues en el año de 2005, la comitiva  de los Empresarios de Austria la invitaron a formar parte del séquito cultural para el Foro Empresarial México-Austria inaugurado por el Dr. Heinz 

Fischer presidente de Austria. Creo que este capítulo detonó su potencial creativo y deseo de traspasar las fronteras.
Hasta la fecha, ha participado en numerosas exposiciones individuales y un centenar de colectivas; enriquecido su vida profesional y cultural asistiendo a sus propias exposiciones en: Austria (2003); Novi Sad, Serbia (2006) Cardona, Monzón  Huesca,
España (2008), donde su obra ha sido elogiada por la crítica; y sus magníficas obras han engalanado galerías en países como: Italia (2004), Alemania (2005), España, Holanda y Suecia (2008) Bélgica (2009), y las más recientes en Foro de Creadores 2.0 en Madrid, España y Dallas, Texas,  Estados Unidos (2015).

Gabriela Peralta, aún tiene mucho que dar para orgullo de nuestra patria chica, y beneficio de sus alumnos, está trabajando sobre sus vivencias en España y Francia, visitadas en la primavera del 2014.
(Próximamente entrevista con la pintora).




Portada de Kaniwá #4








Gabriela Peralta destacada artista y docente.
Semblanza publicada en: Kaniwá #4 Suplemento cultural del periódico La Opinión, Poza Rica de Hgo; Ver. México, el 31 de mayo de 2015.

Las fotos que acompañan el texto de este blogs de Joel García Cobos fueron tomadas del blogs de Gabriela Peralta.